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Teruel

Los pinares de Teruel se protegen con trampas frente a las plagas de orugas procesionarias

La procesionaria supone un riesgo para personas y animales y puede comprometer el crecimiento de los árboles. En Gúdar-Javalambre, su proliferación afecta a unas 20.000 hectáreas.

Más de un centenar de trampas para controlar la proliferación de la oruga procesionaria
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Los tratamientos se realizan coincidiendo con la época en la que empiezan a aparecer las larvas.

En la zona de los pinares de Teruel y Gúdar-Javalambre recurren a las trampas para luchar contra la proliferación de procesionarias. Han colocado 150 trampas que contienen feromonas sexuales que atraen a estos insectos para atraparlas. Su recuento permite estimar su población y los daños que pueda causar.

 Este método tarda cuatro meses en aportar resultados y, en el último año, ha aumentado sus capturas en un 40%, lo que significa que este invierno abundarán los daños que estos insectos causan en la masa forestal.

La proliferación de este tipo de oruga, hasta ser considerada una plaga, depende de varios factores: “La procesionaria tiene una tendencia cíclica, depende del alimento o la climatología, y coincide con las primeras afecciones en los bosques”, explica Araceli Ortiz, técnico de sanidad forestal. Además, las temperaturas cálidas y las lluvias favorecen su aparición.

Tras un mes de julio en que el que las procesionarias emergen como mariposas y se aparean, es durante el final del verano cuando aparecen sus larvas en los árboles. En febrero y marzo, se deberá extremar la precaución ya que este insecto se encuentra caminando en la superficie antes de comenzar su fase de hibernación bajo tierra. En esta época es mejor evitar pasear por pinares.

Se alimentan de las hojas de los pinos debilitando el árbol y mermando así su crecimiento. Daños que no se limitan al terreno, sino que también pueden provocar daños personales. Esta oruga cuenta con pelos urticantes que, al sentirse amenazadas, liberan al aire, provocando graves reacciones alérgicas e irritación en piel, ojos y vías respiratorias. También son peligros para animales como los perros que pueden intoxicarse y asfixiarse, si las tocan, huelen o ingieren.

Por ello, se busca atajar su proliferación con 800 casas nido para aves insectívoras o murciélagos. David Cayuela, Agente de Protección de la naturaleza, explica que lo que se intenta es "que las especies hagan un control de la procesionaria, que aunque sea autóctona, cuando llega a ser una plaga es porque se ha roto un equilibrio". En el caso de los murciélagos, resulta muy efectivo ya que estos ingieren también los huevos y larvas de este insecto evitando así su reproducción.

Este proyecto pretende identificar los posibles focos de las plagas para elaborar una hoja de ruta eficaz en su tratamiento y mitigación, y salvar así a cientos de pinares de la acción de esta oruga defoliadora.

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