
Casi tres años han pasado desde que se cayera el Torico y se hiciera añicos. Hoy, está a punto de que finalice su restauración que llevan a cabo en la Fundación Santa María de Albarracín. Han sido tres meses de trabajo en los que ha recuperado su esplendor y al que solo le quedan retoques de color. Habrá que esperar a la decisión del Ayuntamientode la capital turolense para conocer su nueva ubicación.
La emblemática escultura llegó a la sala de restauraciones con patas y cuernos rotos. Para devolverla a su estado original, desde la fundación realizaron un estudio sobre el material a utilizar en la recomposición y cómo acertar con el color exacto del original. "Se decidió hacerlas con el color de las resinas, que es una resina epoxídica de poliéster que lleva minerales y grafito, y posteriormente patinas", explica la restauradora Rosana Herrero.
Una réplica existente, idéntica de la original, ha facilitado el trabajo de arreglo. "La suerte es que existía esta réplica y a partir de ella hemos podido realizar un molde con siliconas para poder reproducir la pata; estos moldes los hemos hecho en todas las patas", añaden los restauradores. El resultado final es una réplica idéntica de la original.
Lo más complicado ha sido mover la escultura, que alcanza los 45 kilos. "Yo sola, imposible girarlo o moverlo. Al principio, para poder sacar las patas y ajustarlas tuvimos que hacer una cama de arena para que estuviese acolchado y poder manipular, hacerle los agujeros de unión. Para comprobar que esas patas estaban bien hechas tuvimos que recurrir a una pequeña grúa para poder ir encajándolo donde correspondía". explica la artista.
Ahora habrá que esperar a conocer su nueva ubicación, ya que el consistorio ya ha avisado de que la nueva restauración no regresará al pedestal principal de la plaza que lleva el nombre de la escultura turolense.
