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Teruel

La helada que hace 70 años congeló el Matarraña y obligó a emigrar a muchas familias

El frío helador de febrero de 1956 dejó una huella profunda en la Comarca, y la muerte de miles de olivos abocó a la emigración a los que vivían de su cosecha

El suceso afectó a 33.000 hectáreas de olivar / Aragón TV
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La helada de 1956 en la comarca del Matarraña es un episodio que forma parte de la historia climatológica, y también de las familias que la vivieron. Han pasado 70 años pero Fernando Alcober y Ramiro Fillol la recuerdan implacable. "Fue impresionante... De ir a trabajar, nada", dice el primero. "Al picar, la azada rebotaba; había un jeme de hielo", explica el segundo, en referencia a la tradicional unidad de medida, que equivale a la distancia que hay desde la extremidad del dedo pulgar a la del índice completamente extendidos.

El frío helador de mes de febrero de 1956 dejó una huella profunda en la Comarca del Matarraña. Fue un mes muy frío en todo Aragón, pero en la parte más oriental de la provincia de Teruel las consecuencias marcaron la demografía y el paisaje. La muerte de miles de olivos abocó a la emigración a los que tenían la cosecha de olivas como base de su economía. "Lo que estaba helado se cortó, y después los brotes fueron saliendo, pero hizo mucho mal y mucha gente emigró entonces", recuerda Fernando.

El éxodo llevó a la familia de Ramiro a Catalunya, como muchas otras. El padre de Lluís Rajadell, periodista y autor del libro '1956, L'any de la gelada', tuvo que emigrar a Francia. En su libro cuenta cómo "se murieron la mayor parte de los olivos, la gente de la zona se quedó sin su sustento económico y como consecuencia, hubo una ola de emigración terrible, una cosa catastrófica para la comarca". "Apenas hubo ayudas, no hubo ningún subsidio para la gente que se quedó sin trabajo y sin ingresos", añade.

Un frío seco se prolongó durante todo aquel febrero, y desde el punto de vista meteorológico, confirman su brutalidad: "Fue una helada catastrófica, que no ha tenido una situación similar en todo el siglo XX ni en el XXI", apunta el meteorólogo Javier de Luna. Se documentaron 12 grados bajo cero en Calanda, y en Valderrobres llegaron a los -15.

El suceso afectó a 33.000 hectáreas de olivar y, sobre todo, a los agricultores y jornaleros que dependían de él. El frío devastó el paisaje, los olivos muertos dejaron paso a viñas y almendros y los que rebrotaron tardaron más de una década en volver a ser productivos.

Un suceso sin precedentes que marcó toda una comarca y miles de familias, cuyos descendientes hoy en día todavía hablan de ello. 

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