
Tras dos años marcados por la sequía, los campos empiezan a levantar cabeza. Los agricultores aragoneses pronostican una buena campaña, sobre todo después de las lluvias caídas durante el mes de marzo que han provocado que mejoren las perspectivas de la cosecha del cereal de invierno.
El verde que cubre los campos a estas alturas del año es el reflejo de que las últimas lluvias han devuelto la esperanza a los agricultores aragoneses. Los cultivos de cereal muestran por fin un desarrollo prometedor. "Las espigas van a ser muchas y grandes, con lo cual la perspectiva de cosecha es buena", afirma el secretario provincial de UAGA en Zaragoza, José Antonio Miguel.
Carlos Esteban es agricultor en Alcañiz y reconoce que pocas veces ha visto así los sembrados en el Bajo Aragón. En esta zona esperan una cosecha excepcional tras dos años marcados por la sequía y las pérdidas económicas. "Llevamos sin poder cosechar unas pequeñas superficies de cereal en el término de Alcañiz y en el de Valdealgorfa", reconoce.
En general, en los campos aragoneses confían en sacar esta campaña de cereal de invierno una cosecha media o incluso superior. "En los secanos la cosecha se decide en el mes de mayo y no sabemos lo que va a hacer, pero con la perspectiva que tenemos de humedad en el suelo pensamos que la cosecha va a aguantar", explica el secretario provincial de UAGA en Zaragoza.
Y en el regadío la garantía la pone la recuperación de los niveles de agua embalsada. Basta con mirar al embalse de Calanda, que supera el 80 % de su reserva cuando hace un año no llegaba a un tercio. "Si no lloviera nada, pues la verdad es que pasaríamos otra vez sed. Pero aunque llueva lo mínimo que ha llovido, siempre tenemos para dos o tres años", destaca el presidente de los regantes del Guadalope, José Fernando Murría.
En la cuenca del Jiloca también tienen una buena previsión para esta campaña. El agricultor de Cella, Fernando Sanz, observa como su campo de cebada está completamente verde, a diferencia de otros años. “Aquí las tres últimas campañas han sido nefastas. Las dos últimas ni se llegó a cosechar”, lamenta.
De esta manera, el campo aragonés respira pero sin confiarse, porque seguirán pendientes del cielo.
