La reforma de la plaza de San Miguel permite documentar más de 2.000 años de la historia de Zaragoza
En el marco de las obras, se han desarrollado los trabajos arqueológicos que han localizado una gran cloaca romana, restos de la muralla medieval y moderna, enterramientos del antiguo cementerio parroquial y estructuras vinculadas a la transformación urbanística de la plaza en el siglo XIX

La reforma de la plaza de San Miguel de Zaragoza ha ido acompañada de un seguimiento arqueológico que ha permitido documentar distintas etapas de la evolución de la ciudad, desde los primeros años de la colonia romana Caesar Augusta hasta los siglos XIX y XX. Entre los restos localizados figuran un tramo de una gran cloaca romana, las cimentaciones de la antigua muralla, más de 30 enterramientos individuales del cementerio parroquial y estructuras relacionadas con la apertura de la Puerta del Duque en 1856.
La intervención arqueológica se ha desarrollado de forma paralela a las obras de renovación del espacio público, con controles durante la apertura de zanjas para las redes de abastecimiento, saneamiento y electricidad, así como durante los movimientos de tierra destinados a instalar alcorques y mobiliario urbano. La aparición de restos ha obligado en algunos momentos a adaptar los plazos de la obra civil para facilitar su documentación y estudio.
La consejera de Cultura, Sara Fernández, ha señalado que "la prioridad del Consistorio ha sido siempre la preservación, lo que ha llevado incluso a adaptar los cronogramas y tiempos de la obra civil cuando ha sido necesario para permitir un estudio adecuado, pausado y científico de cada resto encontrado".
Una cloaca de la primera Caesar Augusta
Los niveles arqueológicos de época romana se han identificado en prácticamente toda la plaza. Los materiales recuperados, entre los que destaca la cerámica, permiten situarlos entre los primeros años de existencia de Caesar Augusta y el último tercio del siglo I d. C.
Uno de los elementos más relevantes es un tramo de cloaca de grandes dimensiones que, según la interpretación arqueológica municipal, parece corresponder al primer programa urbanístico de la ciudad romana. Su localización aporta información sobre las infraestructuras de saneamiento de aquella etapa y sobre la organización del espacio urbano.
La secuencia documentada incluye también vestigios de época islámica, con materiales cerámicos y restos de estructuras domésticas de época taifal, fechadas en el siglo XI. Para los siglos XIII al XV se han recuperado abundantes materiales cerámicos que permiten documentar la actividad en este sector de la ciudad durante la Edad Media.
Entre los restos medievales se encuentran los del antiguo cementerio de la parroquia de San Miguel. Durante los trabajos se han documentado más de 30 enterramientos individuales, aunque solo unos pocos se conservaban de forma completa. También se ha recuperado un volumen considerable de restos óseos en mal estado de conservación y sin conexión anatómica.
Estos materiales, junto con los demás objetos recuperados durante las excavaciones, se han trasladado a las dependencias de los servicios arqueológicos municipales para su limpieza, inventario y estudio.
La muralla y la apertura de la Puerta del Duque
El jefe de la Unidad de Patrimonio Cultural del Ayuntamiento de Zaragoza, José Juan Domingo, ha destacado que los trabajos han permitido "confirmar también que no existió una puerta en esta parte del recinto amurallado antes del siglo XIX, mientras esta muralla tuvo una vida útil como defensa de la ciudad".
Los restos también permiten reconstruir una etapa decisiva en la evolución urbanística de la plaza: la transformación desarrollada entre 1856 y 1863, que abrió el espacio hacia el Coso y el río Huerva.
Sobre la estructura de la muralla se han encontrado restos de la cimentación de la Puerta del Duque, abierta en 1856 para comunicar el nuevo puente de San José, terminado en 1854, con la plaza de San Miguel. La documentación arqueológica aporta así datos sobre la relación entre las antiguas defensas y las nuevas conexiones urbanas del siglo XIX.
A esta misma etapa corresponde parte del pavimento de un patio enlosado con baldosas cerámicas. También se han localizado restos de la antigua fuente construida en 1862, que ocupó el centro de la plaza hasta 1925.
La práctica totalidad de los restos constructivos hallados durante las obras se ha conservado en el subsuelo de la plaza, una vez documentada y protegida. Los materiales arqueológicos y los restos procedentes de los enterramientos se encuentran en las dependencias municipales para su estudio.
