
La mina de carbón de Mequinenza acumula ocho años sin actividad. Sin embargo, el carbón en su interior continúa ardiendo. En la zona confían en que pronto se ejecute el plan de cierre, aprobado por el ministerio de Transición Ecológica en 2019 y retrasado por la pandemia, que durará un año y generará 10 empleos.
“Queremos que se ejecute el plan, que ya está aprobado. Lo único que tenemos que hacer ahora es el presupuesto de ejecución”, demanda Francisco Montull, responsable de minería en UGT Aragón.
Actualmente, el oxígeno y la humedad entran por las grietas de la mina, provocando la combustión del mineral. Un efecto que no solo contamina el aire, también genera problemas ambientales por la emisión de humo con azufre al exterior. "También provoca algunas afectaciones a caminos municipales que continuamente están teniendo problemas de hundimiento”, remarca Darío Vidallet, concejal de Fomento del Ayuntamiento de Mequinenza.
Presencia de leonardita
A la espera de que se ejecute el plan, la superficie, propiedad de un empresario fructícola, se ha llenado de árboles frutales que crecen gracias a la leonardita, un componente del carbón que actúa como un fertilizante natural.
La entrada en concurso de acreedores de la empresa Carbonífera del Ebro impidió que se pudiera llevar a cabo hace ocho años el necesario plan de cierre, que hubiese permitido sellar las grietas y recuperar escombreras.
