Acumulación y trasteros: el 70% de los objetos guardados no se vuelven a utilizar
Pese al aumento en la demanda de espacios de almacenamiento, la lista de cosas que se almacenan es tan larga como la pereza que lleva a no deshacerse de ellas

En aras de ganar más hueco en las viviendas, los trasteros, en el propio edificio o en un local específico, se han convertido en una solución cada vez más demandada para almacenar los objetos menos usados. Sin embargo, los psicólogos apuntan a que la realidad de esas pertenencias es que pronto caen en el olvido y, de hecho, un 70% de ellos no se vuelven a utilizar nunca, como apunta la psicóloga Silvia Riol.
Lo que más se acumula son muebles, electrodomésticos, ropa o recuerdos de los que no queremos desprendernos definitivamente por pereza o por no traicionar ciertos sentimientos.
"La acumulación de trastos agobia mentalmente. Almacenarlos es una conducta que nos angustia y nos carga mucho. Cómo manejamos el espacio físico es importante en la forma de sentirnos", señala la psicóloga cuando habla sobre lo que habitualmente se guarda en un trastero.
Es difícil calcular el número exacto de espacios disponibles, pero lo cierto es que es habitual ver locales con trasteros en alquiler al pasear por las grandes ciudades. En España, el pasado año se contabilizaban 600 centros del denominado(se abre en una nueva ventana) 'self-storage',(se abre en una nueva ventana) con una superficie de más de un millón de metros cuadrados, según la consultora inmobiliaria Savills, que estima que el precio medio de estos espacios ronda los 25 euros por metro cuadrado al mes.
"La oferta sigue estando bastante estable desde hace unos años", apunta Cristina Drusel desde el departamento de marketing de Guardatodo, que cuenta con 13 locales en Zaragoza.
"La gente guarda de todo, desde muebles, electrodomésticos, artículos de temporada, como son las bicicletas o equipos de esquí, archivos personales, colecciones o cajas de mudanzas", dice Drusel. Un ejemplo de los objetos que suelen abarrotar los trasteros son los aparatos electrónicos voluminosos (televisores, ordenadores o aspiradores), que normalmente nunca se volverán a utilizar porque quedan obsoletos con el avance tecnológico.
En esos espacios reducidos también suele haber muebles que llegan por cambios de habitación o mudanzas, camas plegables, bicicletas estáticas u objetos de decoración que "nos molestan" en el piso. Ante esta situación la pregunta que surge es: ¿por qué nos olvidamos de ellos?.
Riol despeja alguna duda afirmando que muchas veces eso responde a la pereza: "Nos da pereza deshacernos de ellos porque hay que llevarlos a reciclar o a un punto limpio. Eso requiere una planificación y tiempo para hacerlo, con lo que se quedan allí. Cerramos la puerta del trastero y no los vemos a ver hasta que molestan de verdad para hacer sitio a otras cosas".
La psicóloga mantiene que muchas veces "son objetos que no son nuestros", lo que dificulta el desapego: "Son regalos o cosas heredadas de la familia con las que no tenemos mucho vínculo, pero nos da miedo deshacernos de ellas. Sentimos que estamos traicionando ese legado".
Conviene revisar los objetos guardados
Cuando ha pasado ya un año desde que se guardaron esos objetos, lo más seguro es que no se vuelvan a usar. Riol define un trastero como "un punto de encuentro entre los objetos almacenados y el recuerdo que evocan. Algo así como un trastero emocional. Aun así, muchas veces no está claro qué hacer con todo lo guardado y eso hace que se queden en un trastero durante mucho tiempo.
Riol dice que "es bueno" hacer un recorrido de vez en cuando por esos espacios de almacenamiento para "revisar" los juguetes, la ropa o ese vestido de una ocasión especial con los que revivir esos recuerdos y hacer una limpieza de lo que ya no sirve.
Cuando los eliminas "estás más relajado y mejor" porque todas esas cosas "han construido parte de nuestras vidas y nos proporciona diferentes sensaciones", apunta la experta: "Son conductores de la memoria y nos da energía y fuerza revivir situaciones buenas a las que nos llevan esos objetos". Eso ocurre tan solo con un 20 o 30% de los objetos almacenados, estima Riol, pero el resto sigue acumulando polvo hasta una nueva revisión o hasta encontrar un nuevo uso o funcionalidad para ese objeto.
