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HUESCA

Los danzantes emocionan a Huesca en el día grande de San Lorenzo

Las actuaciones de los danzantes tiñen de blanco y verde las calles oscenses. Tres danzantes se despiden este año y ceden el testigo a una nueva generación que garantiza la continuidad de una tradición de más de 400 años

Baile de cintas en la plaza de San Lorenzo de Huesca
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Los Danzantes vuelven a hacer disfrutar a oscenses y visitantes en el día de San Lorenzo.

Devoción y tradición se han vuelto a dar la mano este 10 de agosto en Huesca. En el día grande de las fiestas y ante la imagen de San Lorenzo, los danzantes han cumplido un año más con una de las tradiciones más queridas y emocionantes para los oscenses

Desde primera hora, la expectación era máxima en la plaza de San Lorenzo. Cientos de personas aguardaban la llegada de los danzantes para presenciar las primeras actuaciones que cada año convierten este rincón de la ciudad en uno de los principales escenarios de las fiestas laurentinas.

Como marca la tradición, han danzando los cinco bailes: Espadas, Palos Viejos, Cintas, Palos Nuevos y el Degollau. El sonido del choque de los palos y de las espadas se ha mezclado con las melodías de 74 músicos de la Banda de Música de Huesca. Su director, Alejandro Escuer, reconoce que afrontan siempre estas actuaciones “con mucha responsabilidad e ilusión”.

Se despiden dos de sus miembros más veteranos y una de las primeras mujeres danzantes

La jornada ha tenido además un significado especial para tres danzantes que este San Lorenzo han bailado por última vez antes de ceder su testigo. Una despedida que, en dos de los casos, se produce dentro de la propia familia.

José Luis Ramos entrega el testigo a su hijo, también llamado José Luis. Después de años formando parte de la tradición, reconoce que “cuesta dejarlo”, aunque saber que su puesto queda en manos de su hijo alivia la despedida. El único consejo que le ha dado ha sido “que disfrute de ser danzante tanto como lo ha hecho él, porque esa emoción, asegura, acaba transmitiéndose al público”. También Enrique Campo cede su puesto a su hijo Álex, prolongando así el vínculo familiar.

La tercera despedida ha sido la de Ibón Cejalvo, una de las primeras mujeres que se incorporaron a los danzantes. Su lugar lo ocupará su tío, Jesús Silano, que ha vivido la jornada con una emoción difícil de explicar. “No tengo palabras para describir lo que siento”, reconoce. Le habían contado cómo podía sentirse llegado este momento, pero asegura que “hay que vivirlo para sentirlo”. Y, entre todos los dances, ha disfrutado especialmente del Degollau, su favorito.

Los nuevos danzantes han superado además el examen más importante: el del mayoral Francisco San Emeterio, que ha destacado que "han bailado muy bien” y "han demostrado con su entusiasmo que quieren convertirse en unos buenos danzantes".

Cambian los nombres y cambian los pies, pero permanece intacta la emoción. Y mientras haya quien recoja el testigo, cada día de San Lorenzo, Huesca seguirá danzando su historia.

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