Nacimientos pequeños, árboles nevados y adiós al espumillón: la evolución de la decoración navideña
Al color rojo que primaba en los años 50 se añadieron el verde y, más tarde, el azul, junto con tonos plateados y dorados. En España, aunque se mantiene la tradición del belén, el árbol de Navidad se ha convertido en un elemento indispensable

La decoración en las casas por Navidad ha seguido la estela de los grandes almacenes y de las calles centroeuropeas que iniciaron esta tradición; sobre todo Alemania, país que se considera que desde el siglo XIX marcó el origen de los adornos navideños tal cual los conocemos. Rápidamente adquirieron un gran éxito comercial que ha llegado hasta nuestros días, aunque se han ido adaptando a los nuevos tiempos. En la actualidad, las ventas se centran en objetos más minimalistas, tanto en los nacimientos como en el resto de la decoración. El nacimiento sigue siendo muy demandado en las tiendas de decoración, como en la de S de Susana. Sin embargo, “el árbol se ha convertido en el elemento indispensable”.
Los pueblos germanos y vikingos ya adornaban los abetos para celebrar el solsticio de invierno. Esa tradición fue evolucionando hasta hoy y está tan arraigada que, de hecho, el árbol se ha convertido en el elemento fundamental en la decoración de los hogares por Navidad, pero, tanto los colores como los adornos, se han ido adaptando al espacio de las viviendas.
Se venden árboles de todo tipo. Han variado el tamaño y el color. Así lo explica Susana Lozano, propietaria de la tienda S de Susana en Zaragoza: “La tendencia en auge es el árbol nevado. El verde que era lo típico, apenas se vende”. La medida de los más vendidos está entre 1,50 cm y 1,80 cm y, en la mayoría de los casos, tienen la luz incorporada. La luz es otra de las grandes apuestas, “las estrellas con luz son muy apreciadas”, sin embargo, “Papá Noel se vende muy poco en Zaragoza". "Los Reyes Magos se siguen comprando muchísimo más y son de lo más demandado”, ha señalado la propietaria de este establecimiento de Zaragoza.
Algunos historiadores atribuyen el primer nacimiento del niño Jesús a San Francisco de Asís. Según cuentan, en 1223 creó un lugar similar al que, según la creencia cristiana, había nacido el niño Jesús. Representaba la combinación de la alegría de una nueva vida con el lugar humilde en el que había nacido. La idea de ese pesebre se extendió rápidamente por los países católicos y en la actualidad sigue teniendo una destacada presencia en muchos hogares del mundo.
Lo que no genera ningún tipo de duda es que, con matices y diferencias, la Navidad se celebra en todo el mundo y el 25 de diciembre se considera el día en el que nació Jesucristo. La llegada del belén a España se atribuye a los franciscanos en el siglo XV.
Aunque el árbol ha ido ganando adeptos, el nacimiento sigue teniendo una arraigada presencia en los hogares españoles, pero con una cierta evolución. Hace décadas, lo más tradicional era montar un belén con sus figuras, desde las principales a los pastores o los animales, el río y el puente, pero eso también ha evolucionado: “En la actualidad son más pequeños y más cómodos de montar. Hay menos espacio en los hogares y se busca su optimización. Los que más se venden son los fáciles de colocar. Lo que más se pide es el nacimiento completo y, si es posible, con luces o algún complemento. Lo que sí se aprecia es que antes se montaban más grandes y ahora se opta por una pieza”.
En cuanto al espumillón, la venta se ha quedado prácticamente en nada. “La decoración es más sutil, más elegante. Se decora menos, pero se decora mejor”, asegura Susana Lozano. En lugar del espumillón, se opta por unas tiras que son como tirabuzones con lazos enormes y bolas, aunque se han incorporado otros materiales, como la tela, el peluche o el cristal.

Interior tienda S de Susana (Zaragoza). / Susana Lozano
Los gustos individuales determinan la decoración de cada casa. Hay quien coloca una corona en la puerta y quien no y, por ejemplo, existe una tendencia que va en aumento que incluye poner muñecos al pie del árbol.

