Casi la mitad de los padres y abuelos españoles publican fotos de sus hijos y nietos menores en internet
El 65,3 % de la exposición se concentra en la primera infancia. Son algunas de las conclusiones de un informe de Aldeas Infantiles SOS que alerta de los riesgos que puede conllevar este fenómeno, denominado 'sharenting'

Ecografías, fotografías del nacimiento, vídeos de los primeros pasos, celebraciones familiares, vacaciones o logros escolares. Son algunas de las situaciones e informaciones sobre menores compartidas hoy en día en redes sociales por madres, padres y otros familiares y de cuyos riesgos alerta el último estudio de Aldeas Infantiles SOS 'Crecer en el escaparate digital. Claves para prevenir el sharenting o sobreexposición de nuestros hijos e hijas en internet'.
Según recoge este informe, casi la mitad de los padres y abuelos españoles (el 47 %) publican fotos de sus hijos y nietos menores en internet y el 65,3 % de la exposición se concentra en la primera infancia. Aunque el 86,7 % de los progenitores se muestra preocupado porque esas imágenes acaben en manos de terceros, el 55,5 % publica fotos en las que se ve la cara del menor. Sin embargo, un 44,5 % sí intenta pixelar o buscar un ángulo que ayude a que el niño o niña no sea identificable cuando se saca una foto.
"Esta práctica se conoce como sharenting -un término anglosajón que surge de la unión de las palabras share (compartir) y parenting (crianza)- y plantea importantes interrogantes sobre la privacidad, la protección de datos y los derechos de la infancia", explica este documento. Un dato relevante que proporciona este es que España es el país europeo donde más sharenting se practica: una de cada cuatro familias españolas lo hace por lo menos varias veces al año -la media europea se sitúa en una de cada cinco-.
¿Por qué se publica este contenido?
El 95 % de los padres y madres de menores entre 9 y 17 años en España publican imágenes de sus hijos para estar en contacto con familiares y amigos. Otros motivos son guardar recuerdos, sentirse más cerca de quienes viven lejos y luchar contra la soledad no deseada en la crianza, un periodo de alta exigencia en el que hay pocas redes de apoyo.
"El impulso de compartir lo que nos pasa responde a una necesidad básica muy humana, que es sentirnos comprendidos, aprobados. También tiene cierta función como mecanismo regulador de emociones. Y supone un refuerzo social muy grande", subraya el informe.
La pérdida de control, el principal problema
Una fotografía aparentemente inocente puede revelar ubicación, rutinas, colegio, hábitos o información sobre la salud del menor. Una vez publicada, puede descargarse, redistribuirse, utilizarse para ciberacoso, crear perfiles falsos o acabar en manos de personas con intenciones dañinas.
"Hoy, esas imágenes tiernas, simpáticas y entrañables pueden viralizarse y acabar convertidas en stickers que pasen de teléfono en teléfono fuera de nuestro control, sin que sepamos quién las va a ver ni para qué las van a usar. También pueden acabar en el disco duro de un pederasta, se pueden utilizar para hacer ciberbullying, para ridiculizar, humillar, hacer escarnio público o para crear un perfil falso del menor en redes", alerta en este informe la psicóloga sanitaria especializada en infancia y adolescencia Mercedes Bermejo.
Además, el informe destaca que las plataformas utilizan algoritmos que buscan maximizar la atención y que los contenidos emocionalmente intensos pueden recibir mayor visibilidad. En palabras de este estudio, "el modelo de negocio de las plataformas digitales solo empeora las cosas".
Esto puede favorecer especialmente la circulación de vídeos en los que los menores aparecen llorando, sufriendo, haciendo el ridículo o mostrando emociones íntimas. "Los primeros puestos en 'los más vistos' de los canales familiares son para vídeos emocionalmente intensos, donde esos niños, niñas y adolescentes se muestran más en carne viva, exhibiendo sus sentimientos más íntimos y espontáneos. El contenido vergonzoso y el que muestra emociones desagradables -niños llorando, con una rabieta, sufriendo, en ridículo- obtienen más likes, más visualizaciones que los de menores con expresiones neutras", detalla el informe.
Impacto emocional en el niño o niña
El informe relaciona la sobreexposición con posibles problemas como autoestima débil, pérdida de seguridad en sí mismo, pánico al ridículo, ansiedad ante la respuesta de los demás o pérdida de confianza en los padres. "Son algunas de las consecuencias emocionales que puede tener para los niños, niñas y adolescentes el ver que momentos privados de su vida son expuestos con regularidad en internet por parte de quienes más debían protegerlos", expone.
No obstante, el propio estudio advierte que la investigación científica sobre el vínculo directo entre sharenting y salud mental todavía es reciente y no existen estudios sólidos que permitan establecer una relación causal.
Por otro lado, el efecto varía con la edad: en la primera infancia se acumula una huella digital que el niño no puede controlar; entre los 7 y 11 años puede aparecer rechazo; y en la adolescencia la exposición puede sentirse especialmente invasiva al coincidir con la construcción de la identidad y la autonomía.
¿Qué dice la ley en España?
El informe destaca, entre otros, los siguientes aspectos: los menores tienen derecho al honor, intimidad y propia imagen: publicar una foto o vídeo constituye tratamiento de datos personales; por debajo de los 14 años el consentimiento para ese tratamiento corresponde a quienes ejercen la patria potestad; el interés superior del menor debe prevalecer; si los progenitores discrepan sobre la publicación, puede intervenir un juez; existe un derecho al olvido reforzado para contenidos publicados durante la minoría de edad.
La Agencia Española de Protección de Datos (AEPD) dispone, además, de un canal prioritario para solicitar la retirada de contenidos especialmente comprometidos. De hecho, el informe señala un 95 % de éxito en retiradas en menos de 72 horas.
Test rápido antes de publicar
Antes de publicar una imagen, este informe propone hacerse cinco preguntas:
¿La publicación beneficia realmente al menor?
¿Podría avergonzarle dentro de diez años?
¿Estoy compartiendo algo de su esfera privada?
¿Querrá que esa imagen siga circulando cuando sea adolescente?
¿Estoy respetando su dignidad?
