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Aragón

Naturaleza y agua, vestigios geológicos o fauna exótica: tres propuestas de turismo familiar

El Monasterio de Piedra en Zaragoza, el parque geológico de Aliaga en Teruel y el Parque Faunístico Lacuniacha en Huesca se convierten en destinos en Aragón para realizar actividades en familia y recorridos por la naturaleza en estado puro

'El bosque encantado' en el Monasterio de Piedra
'El bosque encantado' en el Monasterio de Piedra

Entre las múltiples y diversas propuestas que ofrece Aragón para realizar actividades al aire libre en familia, hay tres lugares repartidos en las tres provincias aragonesas que permiten hacer recorridos de aprendizaje y diversión al aire libre y accesibles para todas las edades.

En Zaragoza, el Monasterio de Piedra, cuyo origen se remonta al siglo XII, ofrece un juego de cascadas y formaciones rocosas que rodean un antiguo monasterio cisterciense. En Teruel, se puede dar un paseo para conocer cómo fue el mundo a través de un recorrido por el Parque Geológico de Aliaga, y, en Huesca, en el Parque Faunístico Lacuniacha se pueden atisbar más de un centenar de animales, desde osos a lobos o linces, en pleno bosque. 

Monasterio de Piedra: desde cascadas, grutas o monjes, hasta el origen del chocolate

El Monasterio de Piedra permite disfrutar de la naturaleza y de la historia en una ubicación única que ofrece la combinación entre naturaleza y cultura en un recorrido al alcance de todos los miembros de la familia, desde niños a adultos. 

El paseo por el monasterio comienza el itinerario en el acceso, recientemente estrenado, al Mirador del Torreón Sur, llamado “Puerta Negra”, con una amplia zona ajardinada y el lugar que ofrece una vista panorámica del monasterio cisterciense, así como del paisaje que va desvelando el recorrido. La ruta es  sencilla, lo que permite caminar y convertir a los niños en pequeños exploradores. 

Para los más pequeños se abre camino el Parque-Jardín Histórico de Monasterio de Piedra, que ofrece recursos naturales como senderos, cascadas, arroyos, lagos y cuevas, que captan su atención. Un paseo bajo la sombra de árboles centenarios y una vegetación en la que descubrir elementos tan singulares como el Pino laricio del Vergel, que cuenta con 56 metros de altura y una edad estimada de más de 200 años. A la vegetación se unen después las cascadas, destacando las de la 'Caprichosa' y la 'Cola de Caballo', que son las más altas del parque.

La historia del Monasterio de Piedra retrotrae al pasado al visitar las estancias que fueron habitadas por los monjes del Císter durante más de 640 años, lo que proporciona  una experiencia educativa. En estas estancias es donde también se da a conocer la historia del chocolate, cuyo origen europeo está en este monasterio y que se explica a través de la exposición 'Historia del Chocolate en Piedra', en el que se motiva a los niños a aprender más sobre el origen y las particularidades de este alimento. 

El director del Monasterio de Piedra, José Pont, señala: “En un tiempo en el que el ocio y el entretenimiento son cada vez más de consumo rápido, alegra seguir siendo un referente para todas aquellas familias que buscan un entorno estimulante y enriquecedor para los más pequeños”. En el caso del Monasterio de Piedra, para Pont destaca "la conexión con la naturaleza y la historia que consigue cautivar a los más jóvenes y despertar su lado más curioso y aventurero”.

Las piedras hablan y en Aliaga cuentan la evolución de la Tierra

La historia que cuentan la geología de esta localidad turolense se remonta a hace 210 millones de años. El Parque Geológico de Aliaga es un espacio natural único en España y casi en todo el planeta que ayuda a contemplar el paso de este largo periodo de tiempo. Y esta es, precisamente, una de sus singularidades: en un recorrido de unos pocos kilómetros se puede ver una evolución que podría costar hasta días; desde el Triásico Superior hasta la actualidad, analizando en cada estrato los fósiles conservados y las formaciones marinas. 

Los estratos que se acumulan en las piedras ayudan a conocer cómo ha ido cambiando el planeta y ofrece la posibilidad de hacer un análisis para expertos con un especial interés científico y otro al alcance de todas las mentes curiosas, como lo son las de niños y adultos. 

Julia Escorihuela es la gerente del Parque Geológico de Aliaga, quien incide en que la geología que se puede encontrar en este espacio “es única en el mundo porque ofrece respuestas y da explicación a conceptos básicos” para entender cómo ha cambiado la Tierra. Aunque hace hincapié en que las visitas han caído de manera notable después de la pandemia, insiste en que las dos horas y media que dura el recorrido es suficiente para despertar el interés de mayores y pequeños.  

A lo largo de la actividad, los visitantes también podrán conocer cómo fomentar “el bueno uso de los recursos minerales”, señala Escorihuela, así como las consecuencias de las minas sin control, para lo que muestra “ una falla inversa o un desgarre”, según el lugar en el que se establecieran las macroexplotaciones. 

Para conectar mejor con los más pequeños, el parque cuenta con una mascota: Uli-Toucasia, que es quien explica cómo se formó el pliegue de la olla de Aliaga, a través de plastilina y otros detalles que los más pequeños van esculpiendo. 

El pliegue de la olla es la zona más destacada de este enclave por su riqueza geológica. Es como una arruga enorme, una cresta de roca caliza doblada sobre sí misma que forma un pliegue, claramente visible. Consta de estratos correspondientes a materiales del periodo Cretácico Inferior.

Cuatro kilómetros para ver lobos, osos, linces o bisontes en Lacuniacha

El Parque Faunístico de los Pirineos se ubica en el valle de Tena, en la localidad de Piedrafita de Jaca. Está dentro de la única reserva de la biosfera que hay en Aragón, en Ordesa-Viñamala, lo que le da su calificación como bioparque a Lacuniacha que se extiende a lo largo de 30 hectáreas en las que han encontrado su hogar diferentes especies de flora y fauna. 

En un recorrido que puede hacerse en dos o tres horas, se pueden avistar 15 especies diferentes de animales mamíferos que han nacido en estos espacios o que han sido rescatados. Se pueden ver en estado de semilibertad en los cuatro kilómetros que dura el itinerario, en el que también hay que estar atento a las más de una veintena de especies vegetales más singulares, como acebos, pinos, hayas, robles, abedules o especies subalpinas de alta montaña. 

Hay varios miradores situados en lugares estratégicos para observar a los animales, como los corzos, los osos, los jabalíes o los linces, así como a otras especies que requieren de más paciencia, como es el caso de los lobos ibéricos. 

Lacuniacha es también un entorno para observar aves. Por eso, este 18 de mayo albergará una actividad, en colaboración con el grupo ornitológico oscense, en la que anillarán diferentes especies con una finalidad científica y en la que podrá participar todos los visitantes.    

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