
Hacer obras en un hospital mientras se mantiene la atención a los pacientes no es tarea fácil. En el Miguel Servet(se abre en una nueva ventana), en Zaragoza, los trabajos de mejora en los servicios de Hematología y Nefrología obligaron a cerrar durante meses por completo la sexta planta. Los profesionales del centro tuvieron que diseñar un plan para no alterar la asistencia a pacientes críticos.
El grueso del trabajo se hizo en verano, durante los meses de menor presión asistencial. Entonces, hubo que buscar nuevos espacios y desplazar gran cantidad de material y trasladar a pacientes críticos. "Tuvimos que mover a personas que están con diálisis aguda y a trasplantados renales a otro espacio", explica Lucía Soriano, subdirectora de Gestión de Ingeniería y Mantenimiento.
"Hemos tenido que vaciar una zona que estaba llena de taquillas y rehabilitarla para acoger a esos pacientes de una manera segura. Se trata de ir buscando dentro de la planificación tanto los tiempos como los espacios para poder mover las fichas y que todo salga", añade Soriano.
El buen resultado ha sido posible gracias a que han trabajado como un reloj suizo, con todos los departamentos implicados y perfectamente coordinados, desde especialistas médicos hasta el equipo de gestión económica o el de limpieza. "Se trata de minimizar y asegurar que los cuidados tan específicos tengan lugar de la misma manera y por los mismos profesionales", indica María Jesús Chopo, supervisora del Área Funcional de Cuidados del hospital.
Mientras se ultiman los detalles en la Unidad de Hematología, que se estrenará en febrero, ya se trabaja en la transformación de la UCI pediátrica, una nueva reforma de gran envergadura y una de las más esperadas.
