El Supremo tiene un mes para decidir si Cataluña debe devolver las pinturas murales a Sijena
La Generalitat, si pierde esta batalla judicial, podría recurrir en última instancia al Tribunal Constitucional. Las pinturas fueron arrancadas del monasterio durante la Guerra Civil

El Tribunal Supremo delibera desde este miércoles sobre el futuro de las pinturas murales de Sijena.(se abre en una nueva ventana) Pintadas originalmente en la Sala Capitular del monasterio, se encuentran expuestas en el Museo Nacional de Arte de Cataluña (MNAC). Fueron arrancadas de la localidad oscense durante la Guerra Civil y todavía no han regresado a su lugar de origen, como defiende el Ejecutivo aragonés.
Hasta el momento, dos sentencias han dado la razón a Aragón, las del Juzgado y la Audiencia Provincial de Huesca, que en 2016 y 2020 ya ordenaban su devolución.
Ambos autos señalaban que las pinturas son de las monjas de Sijena. Sin embargo, Cataluña se aferra a la vía judicial y esperará hasta que el Supremo dicte sentencia. De momento, son los jueces del tribunal los que deliberarán durante un mes, aproximadamente, para dar con la decisión.
"Yo, de verdad, no espero otra sentencia más que la confirmatoria de las que dictó el juzgado y la Audiencia Provincial de Huesca y, una vez que tengamos esta sentencia, podremos ejecutarla", reconoce Jorge Español, abogado de Sijena, quien recuerda que las piezas son los mejores frescos que se conservan del románico español, valorados en más de 1.000 millones de euros.
Quedaría el Constitucional
El periplo por los tribunales no acabaría aquí. Cataluña podría acudir al Constitucional si esta sentencia del Supremo no les es favorable. Eso sí, tendría que acatar este recurso y alegar otros argumentos para poder hacer la instancia. "Sería por un tema de indefensión, por un tema de vulneración de derechos fundamentales, pero vamos que estos recursos que se interponen en el Tribunal Constitucional no prosperan ni en 1% de los que se presentan", recuerda Español.
Las pinturas murales fueron arrancadas sin permiso en 1936, durante la Guerra Civil, por un funcionario catalán. El edificio estaba ya entonces catalogado como Monumento Nacional y desde los años 60, estas pinturas se exponen en el MNAC.
