Aragón afronta el peor verano de incendios: 40.000 hectáreas afectadas y solo dos días libres del fuego
El balance negativo de estos siniestros no solo se mide por la superficie quemada, sino también por el elevado número de poblaciones desalojadas y el esfuerzo que ha supuesto para el operativo de extinción

El verano de 2026 está siendo el peor en cuanto a incendios en Aragón, con más de 40.000 hectáreas afectadas. El balance negativo de estos siniestros no solo se mide por la superficie quemada, sino también por el elevado número de poblaciones desalojadas, el esfuerzo que ha supuesto para el operativo de extinción y una simultaneidad inédita: los días 10 y 11 de julio han sido los únicos días del verano libres del fuego.
"La media de los últimos 25 años es que, a estas alturas, se nos hayan quemado 3.000 hectáreas, y este año lo han hecho 10 veces más. Si lo comparamos con 2025, que fue un ejercicio especialmente bueno, se han quemado 100 veces más. Estos incendios están afectando no solo ya a superficie forestal, sino que hay mucha interfaz urbano-forestal, mucha afectación a poblaciones, a infraestructuras, etcétera", cuenta Ana Oliván, jefa del servicio de Gestión Forestal del Gobierno de Aragón.
La intervención humana o eventos naturales, como rayos, han sido los principales desencadenantes, que se han encontrado con el caldo de cultivo perfecto: episodios de calor extremo, una gran acumulación de combustible forestal y la compleja orografía aragonesa.
"En el último de los incendios, el de Las Peñas de Riglos, desde el inicio hasta San Juan de la Peña es una rampa constante de una serie de relieves donde hay un gradiente altimétrico desde los 500 hasta los 2.200 metros. Ese gradiente lo que hace es favorecer la combustión y la transmisión", explica Fernando Pérez-Caballero, profesor del departamento de Geografía de la Universidad de Zaragoza e investigador del Instituto Universitario Ciencias Ambientales de Aragón.
Además, se trata de un tipo de incendios que pueden repetirse en los próximos años. Para minimizar su impacto, desde el territorio piden dotar de medios a los pequeños municipios y recuperar los paisajes mosaico.
"Combinar bosques con campos de cultivo, prados, pastos, zonas de matorral, espacios abiertos. Es el paisaje que tradicionalmente teníamos en nuestros pueblos de montaña. Recuperarlo es muy importante, porque estas zonas abiertas rompen la continuidad de la vegetación y dificultan que un incendio pueda avanzar", señala Begoña Dorado, presidenta de la Asociación de Entidades Locales del Pirineo Aragonés (Adelpa).
La clave para favorecer la regeneración de las zonas quemadas, apuntan los expertos, es mantener una buena calidad del suelo.
