
"Cuando contábamos a centros ganadores de otros países que éramos 12 alumnos, alucinaban", cuenta Amaya Pola, profesora y directora del CEIP Santa Engracia, que acaba de ganar el Premio Nacional de Educación para el Desarrollo 'Vicente Ferrer'. Para Amaya supone "todo un orgullo": "Un reconocimiento con el que te dan ganas de seguir".
Este galardón es fruto de su proyecto 'Aldea Gala', una suma de varias actuaciones que ha desarrollado el alumnado y en el que también han involucrado a todo este pueblo zaragozano de Santa Engracia, perteneciente al municipio de Tauste.
En primer lugar, llevan a cabo trabajos medioambientales como la limpieza del entorno o la replantación de especies autóctonas. Una segunda línea de actuación se dirige a las personas mayores. "Hacemos con ellos jornadas de limpieza de pinares y de plantación de pinos, talleres de cocina, cuentacuentos, etc. Además, en Navidad les escribimos cartas y vamos casa por casa entregándoselas", explica Amaya.

Alumnado y personas mayores del centro plantan pinos conjuntamente. / CEIP Santa Engracia
Por último, tienen un hermanamiento con un colegio en el Sáhara con el que se escriben cartas de vez en cuando. "También hacemos carreras solidarias, por ejemplo en el Día de la Paz, en enero, y el dinero recaudado se lo enviamos para su material escolar", detalla la responsable del proyecto.
Este premio lo otorga la AECID (Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo) a centros educativos que destacan por su labor de concienciación y sensibilización en aras del progreso de una ciudadanía global, solidaria y comprometida con el desarrollo justo y sostenible del planeta. "Los niños me preguntaban el porqué del premio. Para ellos es su forma de trabajo, el día a día, es lo que hay que hacer", expresa Amaya.
El premio, de todos
Amaya subraya que el premio es gracias también a sus dos compañeras: Inés Usán y Cristina Vilas. "Cristina y yo llevamos 12 años trabajando juntas. Cuando nos miramos somos como un matrimonio", explica entre risas.
Para Inés, que es interina con especialidad en inglés y tiene un contrato de media jornada, también tiene buenas palabras: "Ha puesto muchas ganas en todo, mucha implicación y entusiasmo. Hemos hecho un buen equipo".
Tampoco se olvida de mencionar a los habitantes de Santa Engracia, un pueblo de colonización que es una pedanía de Tauste, en la provincia de Zaragoza, en la que viven aproximadamente 250 habitantes.
"Por la calle la gente me grita '¡enhorabuena!' y yo me siento muy reconocida, pero les digo que no me la den a mí porque el premio es de todos". También comenta que tanto las familias como la comunidad están "supercontentos" y que esperan que esto pueda atraer "más turismo" y "más familias".

Pueblo y centro, una familia. / CEIP Santa Engracia
"Éramos el centro más pequeño"
Una parte del premio era asistir al 'Seminario de Intercambio y Formación en Buenas Prácticas en Educación para el desarrollo sostenible y la ciudadanía global'. Este encuentro tuvo lugar en Bolivia, en el Centro de Formación de la Cooperación Española de Santa Cruz de la Sierra, del 18 al 25 de junio.
Allí estuvo Amaya junto al resto de docentes responsables de otros proyectos educativos que han sido galardonados este curso. "De todos, éramos el centro más pequeño", comenta Amaya. La directora del CEIP Santa Engracia califica de "muy positiva" la experiencia: "Te abre la mente y, sobre todo, te permite conocer otros proyectos que quizás tú puedes aplicar después en tu colegio".
Educación adaptada, en equipo y por proyectos
La enseñanza en centros pequeños es diferente. "Es multigrado, es decir, en una clase puede haber alumnos de cursos distintos y, en consecuencia, con niveles dispares", explica Amaya.
Esta profesora detalla las claves de este tipo de clases: "Hay que ir adaptando la realidad del curso a los contenidos. A veces quieres dar a todos lo mismo y no se puede".
Pero comenta los aspectos ventajosos: "Se vuelven muy autónomos porque saben que, si estás con otro alumno, ellos tienen que seguir con lo suyo".
Otro aspecto destacable es el trabajo en equipo: "Ellos mismos adquieren habilidades para ayudarse los unos a los otros. Si a uno se le da mejor algo, ayuda al otro; o los alumnos más avanzados echan un cable a otros que van a un ritmo inferior".
Aunque parezca contradictorio, en este centro suelen trabajar en relación a proyectos. "Elegimos diferentes contenidos y los trabajamos todos a la vez. Parece imposible, pero se puede hacer un trabajo común, solo que cada uno a su nivel y a su ritmo".
Una forma de trabajo que también aporta a los docentes. "Llevo aquí 20 años y me gustaría continuar hasta que me jubile", asegura Amaya.

Amaya destaca que en este tipo de centros se potencia la autonomía y el trabajo en equipo. / CEIP Santa Engracia
Proyecto 'Escuelas Transformadoras'
El CEIP Santa Engracia, que forma parte de los Colegios Rurales Agrupados de Aragón, ha realizado su iniciativa 'Aldea Gala' dentro del proyecto 'Escuelas Transformadoras', enmarcado en el convenio entre la Diputación de Zaragoza, la Universidad de Zaragoza y la Federación Aragonesa de Solidaridad. Su objetivo es educar a la futura ciudadanía con un compromiso activo tanto a nivel local como global.
Así, este proyecto se centra en apoyar a los centros educativos en el desarrollo de prácticas de Educación para la Ciudadanía Global, centradas en la participación democrática, la solidaridad, la justicia social y el desarrollo sostenible para un mundo mejor.
"Gracias a este proyecto también trabajamos con diferentes ONGS, que vienen al pueblo y hacen actividades junto a nosotros. Este año, por ejemplo, hemos abordado el tema de las migraciones y los Derechos Humanos", añade Amaya.
'Escuelas Transformadoras' comenzó su andadura en 2018 y otros dos de sus centros participantes han ganado este Premio Nacional de Educación: el CRA Luis Buñuel de Ejea de los Caballeros (que integra las aulas de las localidades de Bardenas, El Bayo, El Sabinar, Pinsoro, Rivas Santa Engracia y Valareña) y el CEIP Los Albares de La Puebla de Alfindén.
El curso que viene, en la cuerda floja
El centro está compuesto por 12 alumnos de entre 3 y 12 años divididos en dos clases: una de infantil (1º, 2º y 3º) y otra de primaria (4º, 5º y 6º). Al curso que viene serán 10, ya que cuatro de 6º pasarán al instituto de Tauste y entrarán dos nuevos alumnos. La ratio mínima para contar con dos profesoras es nueve. "Es el número mágico, estamos expectantes", confiesa Amaya.
Todos los alumnos son de Santa Engracia, excepto una niña que vive en Sancho Abarca, una localidad situada a unos ocho kilómetros. "El colegio de Sancho Abarca cerró hace años. La madre de esta niña no quería que su hija fuese a Tauste, sino que tuviera la misma educación que hubiera tenido si hubiera ido al colegio de su municipio", explica Amaya, quien subraya estar "enormemente agradecida" con la madre porque "aunque no está lejos, es un esfuerzo". "Se necesita más apoyo e impulso a los pequeños centros y, más, a los centros rurales", sentencia Amaya.





