
El Festival Internacional de Arte Urbano Asalto (se abre en una nueva ventana)ha finalizado este domingo en el barrio de Torrero-La Paz de Zaragoza, cuya edición número diecinueve ha contado con la participación y visita de 3.000 personas.
Según han recordado en una nota de prensa desde la organización, esta iniciativa busca “siempre” la implicación vecinal para que los artistas se inspiren y encuentren temáticas y estilos que conecten con vecinas y vecinos.
Este año, ocho artistas, seis proyectos comunitarios, seis actividades en el barrio y cuatro talleres se han celebrado a lo largo de todo el fin de semana en el Centro Cívico Torrero.
Con las visitas guiadas que finalizarán esta tarde, más de 3.000 personas habrán pasado por las propuestas del Festival cuyas obras murales formarán parte de la vida de todas las personas que viven estas calles.
“Como todos los años, el público de Festival Asalto han demostrado el cariño que tienen al proyecto, aquí hay un ambiente excelente y nos quedamos con lo que la ciudad y el barrio aporta al Festival”, ha explicado Luis García, responsable del Festival Asalto.
Una parte de los murales que se han llevado a cabo en el Festival se ha desarrollado dentro de procesos comunitarios donde han estado implicadas más de 30 organizaciones.
Además, el proyecto “Ladrillos de Barrio”, con Anastasia Jouk, ha replicado el proceso de fabricación de las antiguas adobas con las que se construyeron las pequeñas casas características del barrio, y les han transferido fotografías antiguas aportadas por los vecinos y vecinas.
Como homenaje a estas construcciones en las parcelas, también los artistas de Twee Muizen han creado una “Parcela - Isla” en la que han dado diferentes colores a la fachada de una pequeña casa.
Barok, Jesana Motilva y Harsa, al mismo tiempo, se han reunido con chicos y chicas que participan en el programa municipal de educación de calle de Torrero o que son alumnos de centros educativos como el IES Manuel Blecua.
Los portugueses de Projeto Ruido han diseñado dos murales de casi 400 metros cuadrados después de realizar numerosas entrevistas en torno al Club Iberia, gran aglutinador social en este barrio y cuna de ciclistas y futbolistas que todavía enorgullecen a vecinos y vecinas.
Tomás Facio no solo ha recurrido a símbolos universales, como los juguetes para conectar con el público, sino que ha creado una obra que recuerda a Francisco de Goya con los paisajes o el burro.
Por su parte, Marat Morik ha callejeado y vivido el barrio para “reflejar esos momentos de convivencia y familiaridad que se viven en los bares, siempre con su estilo ecléctico y colores suaves”.
“Son obras totalmente complementarias entre sí, los lenguajes plásticos son completamente diferentes y todos trabajan de alguna forma el carácter poliédrico del barrio, desde escenas costumbristas hasta la historia deportiva o las historias personales”, ha agregado Luis García.
