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La menstruación condiciona la vida cotidiana de ocho de cada diez mujeres

Un estudio del CSIC muestra que la mayoría de mujeres experimenta dolor intenso, náuseas o fatiga y adapta su vida cotidiana al ciclo menstrual. Solo 1 de cada 6 no tiene que hacerlo

La mayoría de las mujeres adaptan su comportamiento debido al dolor / Canva
La mayoría de las mujeres adaptan su comportamiento debido al dolor / Canva

Un estudio liderado por la Universitat Politècnica de València (UPV) y el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) con más de 4.000 participantes ha analizado cómo la menstruación influye en el día a día, la participación social y el bienestar de las mujeres. Los resultados han revelado que el ciclo menstrual condiciona la vida cotidiana de un 84 % de las mujeres en España. Solo el 15,4 % de ellas mantiene su vida sin cambios durante la menstruación, aproximadamente una de cada seis mujeres.

La mayoría adapta su comportamiento debido al dolor, a los sangrados abundantes o para evitar incomodidad o exposición. Esto afecta desde al aspecto físico a las visitas continuas al baño, o el llevar encima productos de higiene, medicamentos, bolsas de semillas o recambios de ropa. Las estrategias más comunes incluyen evitar prendas blancas (48 %) y ciertos tipos de ropa (36 %), reducir la práctica deportiva (21 %) o limitar actividades como nadar y acudir a la playa (22 %).

Estas variaciones se deben "no solo a los síntomas físicos, sino también del contexto social en el que ocurre", destaca la investigadora Sara Sánchez-López, ya que factores como la ansiedad ante posibles manchas, la falta de espacios adecuados y el temor a reacciones negativas del entorno reflejan la persistencia de normas sociales relacionadas con una gestión privada de la regla.

Muchas participantes describen haber acudido a sus centros de estudio o trabajo pese a experimentar dolor intenso, náuseas o fatiga. Los testimonios muestran que, incluso ante síntomas incapacitantes, la mayoría continúa asistiendo por miedo a perder el empleo o a ser percibidas como menos comprometidas. Solo el 41 % se ha ausentado en alguna ocasión por estos síntomas. 

Además, los resultados muestran un alto número de respuestas que describen cómo la menstruación se ha utilizado para cuestionar o desacreditar emociones, decisiones o conflictos en contextos cotidianos. 

"En un contexto donde la menstruación se ha usado para excluir a las mujeres de ciertos roles, mostrar vulnerabilidad puede percibirse como un riesgo colectivo", dice Sánchez-López. Y una de las coautoras del estudio, Rocío Poveda, añade: "Estas situaciones refuerzan estereotipos que vinculan la menstruación con falta de control emocional o irracionalidad, lo que puede traducirse en una menor credibilidad". 

En la adolescencia, estas experiencias suelen manifestarse en forma de comentarios o ridiculización por parte de compañeros de clase o amigos, mientras que en la edad adulta se expresan a través del rechazo o la condescendencia por parte de parejas o compañeros de trabajo.

En positivo, el estudio también identifica factores que fomentan el bienestar, la salud y la resiliencia durante el ciclo menstrual. Contar con entornos comprensivos y flexibles en el trabajo, la escuela o la familia contribuye a reducir el impacto del estigma y facilita el bienestar. 

Así, los resultados de este estudio subrayan la necesidad de avanzar hacia entornos educativos, laborales y sanitarios más informados y sensibles a esta realidad que transforma la vida de la mayoría de las mujeres todos los meses. 

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