CARTV

Internacional

Cronología de un nuevo pontífice: del inicio del cónclave al 'Habemus papam'

La primera fumata se espera a partir de las 19:00 de este miércoles tras la votación inicial

El método de elección del pontífice está regulado milimétricamente en la constitución apostólica. / Aragón TV
Reproducir

El inicio del cónclave(se abre en una nueva ventana) para elegir al nuevo papa se desarrollará, desde este miércoles, bajo un estricto protocolo litúrgico y ceremonial, que comenzará con la misa 'Pro eligendo Pontifice' y continuará con las votaciones diarias en la Capilla Sixtina, marcadas por las tradicionales 'fumatas' como señal, o no, de consenso. 

133 cardenales se encerrarán hoy ante el fresco del Juicio Final de Miguel Ángel. Los purpurados ocuparán en dos filas las paredes laterales y uno de los fondos. La primera vez que se celebró allí un cónclave fue en 1492, para la elección de Alejandro VI, aunque la reunión de cardenales se ha llevado a cabo en diferentes lugares y solo desde 1996 es la sede definitiva, tal como estableció Juan Pablo II mediante la Constitución Apostólica.

A lo largo de los siglos, la duración de los cónclaves para la elección de papa ha oscilado entre unas horas y hasta más de dos años, aunque la brevedad ha sido lo habitual en la designación de los últimos pontífices.

Julio II fue quien encargó a Miguel Ángel la decoración de la Capilla Sixtina y su elección como pontífice, en 1503, fue la más rápida, ya que apenas necesitó unas horas. Por el contrario, el proceso para elegir a Celestino V, que no era cardenal, se prolongó durante veintisiete meses (entre 1292 y 1294) debido a las divisiones entre los purpurados.

Anatomía de una elección

El método de elección del pontífice está regulado milimétricamente en la constitución apostólica 'Universi Dominici Gregis'(se abre en una nueva ventana) (1996) y otros documentos vaticanos y, ante la eventualidad de que se alargue, prevé una serie de pausas de reflexión y salidas.

El objetivo es acelerar el acuerdo y, para ello, esa legislación establece que los cardenales voten encerrados en la Sixtina cuatro veces al día: dos por la mañana y dos por la tarde.

En esta ocasión, los purpurados comenzarán su reunión la tarde de este miércoles, aislados desde las 16:30, hora local y hora peninsular española, y, poco después, se someterán ya a la primera votación.

La Constitución, en su artículo 74, establece que, si después de tres días de escrutinios, es decir, de doce votaciones, los cardenales "encontrasen dificultades para ponerse de acuerdo sobre la persona elegir", las sesiones se suspenderán por un día.

En esa pausa, podrán dedicarse a "la oración, al libre coloquio" entre ellos y a escuchar una "breve exhortación espiritual" del primer diácono.

En este cónclave, de alargarse, la pausa previsiblemente sería el próximo domingo, después de trece votaciones infructuosas (la de la tarde del miércoles y las cuatro del jueves, viernes y sábado).

La continuidad del cónclave, desde ese momento de pausa, alternará en los días siguientes ciclos de siete votaciones y recesos.

En la sexta y séptima jornada los cardenales llevarán a cabo otras siete votaciones y, si no hay acuerdo, en la última tarde harán otro descanso. Ya habrían acumulado entre 19 y 20 votos.

Luego se volverá a votar hasta un máximo de otras siete ocasiones, en lo que sería ya su octavo y noveno día. El escrutinio ya se habrá repetido 26-27 veces.

Los días diez y once, los purpurados volverán a votar otras siete veces. En ese momento, si no han elegido un nuevo papa, el cónclave ya sumará un total de 34 votaciones. Las negociaciones parecerán atascadas y la legislación vaticana propone una solución tajante.

Tras un día dedicado a la "oración, a la reflexión y al diálogo" se someterán a la elección los dos cardenales más votados en el último escrutinio, que no podrán expresar su preferencia.

Un cardenal será elegido papa si consigue el respaldo de la mayoría de al menos dos tercios de los cardenales, en este caso 89, ya que los electores ascienden a un total de 133. El elegido, eso sí, deberá aceptar primero el nombramiento como nuevo pontífice, aunque también podría rechazarlo.

Todo este proceso, de acuerdo al estricto protocolo vaticano, deberá transcurrir en la más absoluta discreción, sin que los purpurados electores salgan de los dominios vaticanos.

Los votos serán quemados tras el recuento en una estufa instalada ya para la ocasión en la Capilla Sixtina y el color del humo anunciará al mundo exterior el resultado: el negro indicará que no hay acuerdo; el blanco precederá el famoso 'Habemus papam'.

Los horarios previstos para las 'fumatas' diarias son en torno a las 12:00 hora local (10:00 GMT) y las 19:00 (17:00 GMT).

¿Cómo se llamará el nuevo papa?

Además de la identidad del elegido, otra de las incógnitas es el nombre que adoptará el futuro papa, una antiquísima tradición que suele servir como primera declaración de intenciones.

La primera misión del designado será elegir un nombre papal y, para ello, aún dentro de una Sixtina entre aplausos, otro cardenal le preguntará si acepta el nombramiento y cómo desea ser llamado.

Después, desde el balcón de la basílica de San Pedro, se desvelará la identidad del nuevo pontífice con la fórmula en latín 'Habemus papam' y, tras anunciar su nombre de pila, revelará el pontificio: 'Qui sibi nomen imposuit' (que ha decidido llamarse)...

La tradición de que los papas cambien sus nombres al comienzo de sus 'reinados' surge en los albores mismos del cristianismo. El propio Jesús de Nazaret rebautizó a Simón como Pedro, el fundador de su iglesia y, por lo tanto, primero entre los pontífices venideros.

No obstante, el origen de esta costumbre es mucho menos bíblica y bastante posterior en el tiempo, ya que en los primeros siglos de la iglesia los obispos de Roma usaron generalmente sus propios nombres, acompañado a menudo con sus lugares de origen.

La usanza cambió en el año 533, en las ruinas del Imperio Romano, cuando el elegido, Mercurio di Proietto, decidió llamarse Juan II para no llevar la denominación de un dios pagano.

Su pontificado duró dos años, hasta el 535, pero a partir de ese momento muchos de sus sucesores decidieron imitarle cambiando sus nombres de pila por el de apóstoles, mártires y otros jerarcas del cristianismo.

Hasta la fecha, el nombre preferido por los pontífices de la historia ha sido Juan, el 'discípulo a quien Jesús amaba': se repite en 21 ocasiones. Le siguen, con 16, los Gregorios, el último el benedictino italiano Bartolomeo Alberto (1831-1846), y los Benedictos, como el alemán Joseph Ratzinger (2005-2013).

En una ocasión, Benedicto XVI justificó su decisión para seguir los pasos del "venerado" Benedicto XV, "que guió la iglesia en un doloroso periodo por la I Guerra Mundial" y para honrar a Benedicto de Norcia, patrón de Europa y Occidente.

Asimismo, los Clemente se han repetido en catorce ocasiones, los Inocencio y León en trece, los Pío en doce y, después, destacan los papas Stefano (nueve), Bonifacio (ocho) u Urbano (ocho).

tracking_pixel