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Internacional

20 años del tsunami del Índico, la peor catástrofe natural del siglo XXI

Los países más afectados han celebrado actos de homenaje a las 228.000 víctimas mortales que dejó el oleaje desencadenado por un terremoto submarino de magnitud 9,1

Acto de homenaje en Indonesia. / EFE. EPA. Hotli Simanjuntak
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Este 26 de diciembre se cumplen 20 años de la mayor catástrofe natural del siglo XXI: el tsunami del océano Índico, un oleaje desencadenado por un terremoto submarino de magnitud 9,1 que dejó 228.000 muertos repartidos en 14 países del mundo -casi 170.000 víctimas mortales solo en Indonesia-, daños materiales por valor de unos 13.000 millones de euros y llegó a convertirse en el catalizador de transformaciones políticas impensables en las regiones afectadas.

Indonesia ha recordado este  jueves a las 167.000 víctimas en este país desde la Gran Mezquita de Baiturrahman, en la ciudad de Banda Aceh, que aguantó en pie la sacudida de las olas en plena zona cero.

El gobernador interino de la provincia de Aceh, Safrizal Zakaria Ali, y el popular clérigo Abdullah Gymnastiar, lideraron los rituales, a los que acudieron cientos de fieles vestidos de blanco para unirse a las plegarias a lo largo de los jardines del recinto. "Ese día, el desastre cambió la vida de millones de personas. Madres, padres, niños perdieron la vida. Ciudades quedaron devastadas", recordó el político durante su discurso durante el acto de recuerdo, retransmitido en directo en las redes sociales.

Un terremoto de magnitud 9,1, registrado a las 7:58 hora local a unos 120 kilómetros al oeste de la isla indonesia de Sumatra, creó el 26 de diciembre de 2004 olas de hasta 30 metros de altura que golpearon Banda Aceh unos 20 minutos después del temblor inicial. Unas 61.000 personas perdieron la vida en esta población, alrededor de un 25% de sus habitantes, ubicada en el extremo norte de Sumatra y considerada el epicentro de la tragedia. Los tsunamis causaron la muerte de 167.000 personas en Indonesia, unas 35.000 en Sri Lanka, 16.000 en India y 8.200 en Tailandia, además de causar víctimas en otros diez países.

La imagen de la solitaria mezquita en pie a unos cientos de metros de la costa, mientras que las viviendas a su alrededor habían sido borradas por las aguas, se convirtió en una de las más icónicas de este desastre natural. Otras urbes costeras de Sumatra, como Calang y Meulaboh, también se vieron afectadas por este tsunami.

Al menos, el tsunami y la magnitud de la tragedia humana que causó consiguieron que la guerrilla separatista islámica que actuaba en Aceh y el Gobierno indonesio alcanzasen un acuerdo de paz y pusieran fin a más de tres décadas de lucha fratricida. "El tsunami abrió las puertas de la paz en Aceh. El desastre ayudó a que la gente se diera cuenta de que la paz era la mejor solución", remarca el gobernador.

También una hilera de flores blancas se han colocado en Ban Nam Khem, la localidad tailandesa más golpeada por la catástrofe de 2004, para honrar la memoria de las víctimas. Las flores las fueron dejando sobre un muro del parque dedicado a la memoria del tsunami los familiares de los fallecidos y algunos sobrevivientes, en medio de una larga ceremonia que incluyó cantos y oraciones -vinculadas a religiones como el budismo y el islam- y en la que se han vivido momentos de mucha emoción.

Decenas de extranjeros participaron en esta suerte de liturgia holística para conmemorar que fue justamente en Tailandia donde murieron más turistas arrastrados por olas, que viajaron hasta a 1.000 kilómetros por hora, después de que las aguas del Índico fueran estremecidas por el tercer terremoto más potente jamás registrado.

Acto de homenaje en Tailandia. / EFE. EPA. Rungroj Yongrit

Una de esas visitantes es Emma, cuya hija falleció en Ban Nam Khem, adonde había viajado con unos amigos desde Berlín -unos días antes de la Navidad de 2004- para disfrutar de las festividades bajo el sol tropical de Tailandia. Esta madre alemana, que ha participado en varios actos conmemorativos en los últimos 20 años, aún llora su pérdida, al tiempo que dice sentir una conexión especial con el país asiático, en el que fallecieron más de 8.000 personas, entre ellas casi 2.000 extranjeros, sobre todo turistas suecos y alemanes.

Aunque, a simple vista, la ceremonia parecía un cúmulo de diferencias en cuanto a culturas e idiomas, Emma ve este acto como un lugar de encuentro, en el que se juntan las penas y se consiguen unas sonrisas, al recordar cómo eran las vidas de quienes fallecieron. Como ella, otros visitantes procedentes de países como Australia, Estados Unidos, Francia, India y Reino Unido escucharon el discurso de los lugareños, vistieron casi todos de blanco, y cumplieron con el ritual de dejar flores blancas en homenaje a sus seres queridos.

A diferencia del 26 de diciembre de 2004, hoy en cada esquina de esta localidad hay señalizaciones para conseguir con facilidad las rutas de evacuación en caso de tsunamis, un signo que se repite en la hilera de hoteles que construyeron nuevamente frente al mar de Andamán.

 

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