Los Danzantes y la procesión de San Lorenzo ponen la emoción en el día grande de Huesca
Los Danzantes han precedido a la procesión del santo, que ha salido desde la catedral para recorrer las calles de la ciudad entre los vítores de los miles de oscenses y visitantes que llenan hoy las calles de la capital

Los Danzantes han tomado la plaza que lleva nombre del patrón de la ciudad de Huesca, donde miles de oscenses y visitantes esperaban para ver el baile más tradicional de las fiestas, y uno de los actos más emotivos de todas las celebraciones.
El sonido de las espadas, el colorido de las cintas y el choque de los palos han madrugado, como cada 10 de agosto, guiados por el sonido de la Banda de Música de Huesca. Un año en el que José Juan Andreu se retira para dejar paso a su hijo, Pablo. Los Danzantes bailarán también en la Fiesta del Comercio, el 11 de agosto, y el día 15, durante la Ofrenda a San Lorenzo.
Un acto, el de los Danzantes, que ha precedido a la procesión en honor a San Lorenzo, frente al que también han bailado. El busto del santo, arropado por una marea blanca y verde, ha salido de la basílica y ha recorrido las calles del centro de la capital dejando el aroma a albahaca de las matas que adornaban la peana.

Para hacerlo posible, alrededor de las 6:30 horas de este sábado, los miembros de la Real Cofradía de San Lorenzo han comenzado a colocar esas más de 400 matas de albahaca y 700 gladiolos rojos, como símbolo del fuego en el que pereció el santo, que adornan la peana del patrón de la ciudad de Huesca.
Una procesión que, como todos los años, ha hecho una parada en la costanilla de Santiago, donde se han visto los tradicionales gestos críticos hacia la corporación municipal de colectivos que no han visto cumplidos los compromisos alcanzados al inicio de la actual legislatura. Ente ellos estaban de los peñistas de la Alegría Laurentina, que ha protestado por el cierre de la sala Jai Alai.
Ya a media mañana, tras ser vitoreada por los oscenses, la imagen ha iniciado su camino de regreso a la basílica para presidir desde un sitial de honor una misa concelebrada y permanecer en el templo hasta el último día de las fiestas, en el que volverá a salir para recibir la tradicional ofrenda de frutos y flores.









