
La mayoría de las personas que padecen obesidad se enfrentan a una doble desigualdad: por un lado, convivir con ella; por otro, mayor dificultad para combatirla a causa de su nivel económico. Y es que obesidad y bajos recursos están estrechamente relacionados, según un estudio que la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN) y la Sociedad Española de Obesidad (SEEDO) han presentado por el Día de la Lucha contra la Obesidad, este martes.
La obesidad aumenta a pasos agigantados en todo el mundo y se estima que pasará del 16 % actual al 39 % en 2040, con un aumento especialmente rápido en los países más pobres. En España, el coste de esta enfermedad a la sanidad supera los 130.000 millones de euros al año y podría alcanzar los 161.000 en 2030. Un coste que podría reducirse de abordarse los determinantes sociales que provocan, facilitan o perpetúan esta enfermedad.
La obesidad aumenta el riesgo de tener más de 200 enfermedades y afecta con especial intensidad a los grupos más vulnerables. Según la SEEN, las desigualdades sociales influyen en gran medida en diversos aspectos del abordaje de la obesidad, como la calidad de la alimentación, la posibilidad de realizar actividad física, el acceso a información rigurosa y la atención clínica; ya que incluso el tipo de trabajo influye en la flexibilidad de horarios para ponerse en manos de un especialista o llevar un tratamiento de pérdida de peso.
El doctor Diego Bellido, presidente de la SEEDO, afirma que "la desigualdad no es una consecuencia, sino una parte del origen del problema, por lo que, si no se abordan los determinantes sociales, no se reducirá la prevalencia". Y añade: "Así, las personas que más necesitan apoyo son, precisamente, quienes más complicado tienen recibirlo". No solo tienen más dificultades para seguir una dieta saludable y hacer ejercicio, sino también para costearse tratamientos que no entran en el Sistema Nacional de Salud.
Desde Atención Primaria manifiestan que el papel del médico de familia es esencial para prevenir y tratar precozmente esta patología. Federico Luis Moya, presidente de la Asociación Nacional de Personas con Obesidad (ANPO), manifiesta la dificultad que tienen de recibir un diagnóstico, "ya que la obesidad no está reconocida como una enfermedad crónica y multifactorial". Un reconocimiento que considera "fundamental" para trabajar en la mejora de la accesibilidad a cualquier tratamiento terapéutico.
Paralelamente, las asociaciones también desean concienciar acerca de la falsa creencia de que las personas con obesidad "deciden" vivir con esta enfermedad. Así, en suma, "es necesario trabajar activamente para cambiar la forma en que se concibe la obesidad dentro y fuera del sistema sanitario", asevera Bellido.
