La DANA arrasa los pequeños comercios valencianos: "No creo que vuelva a abrir"
La Cámara de Valencia estima entre 1.600 y 1.800 las tiendas o establecimientos minoristas afectados por la riada

La DANA que arrasó el martes varias comarcas de Valencia(se abre en una nueva ventana) anegó miles de casas y también de bajos comerciales. La ola destruyó multitud de pequeños comercios y ha dejado en el aire la vida de sus propietarios. Ahora, a los que ya tienen casi claro que no volverán a abrir, se suman los que navegan en el barro de la incertidumbre y quienes ya se han puesto en marcha.
Según un informe publicado por la Cámara de Valencia, en los 65 municipios más damnificados por la riada, incluyendo los barrios de la capital, viven 845.371 personas (casi el 32% de la población de la provincia) y se ubican 54.289 empresas, 123 parques empresariales y polígonos industriales. Las estimaciones sitúan entre los 4.000 y los 4.500 los locales ubicados en plantas bajas en los que se desarrollaba actividad económica y que pueden haber sufrido daños de cierta consideración. De estos, entre 1.600 y 1.800 corresponderían a tiendas o establecimientos comerciales minoristas.
Uno de ellos es el taller mecánico que Rubén regenta en Paiporta. "Todos los coches están inundados y el taller perdido, aunque damos gracias de que es todo material", indica. "Nosotros estamos todos bien, nos dio tiempo a salir. Lo peor es la gente que ha perdido a familiares", asegura el responsable del negocio.
En su taller, el agua alcanzó la altura de la maneta de los vehículos. "El problema que tenemos nosotros en concreto es que no podemos sacar los coches del taller porque por la noche hay saqueos y la calle que tenemos al lado está como el primer día", indica Rubén, quien dice entender que, ahora, lo principal "es arreglar las calles donde vive la gente". "Hay muchos negocios que no van a arrancar. Son de gente ya mayor que dice: 'Para qué, si me quedan cinco años para jubilarme'", asegura.
"Nos obliga a una nueva vida"
Eva tiene dos hijos pequeños y una cafetería en Catarroja donde trabajaban cinco personas y a la que aún no ha podido entrar, pero que sabe que está arrasada. Ahora mismo no cree que vuelva a verla en marcha, al menos con ella y su familia al frente. "No creo que vuelva a abrir", reconoce. "Las ayudas no van a llegar, sería dinero que tendríamos que sacar de nuestro bolsillo y con dos bebés no se puede. No sabemos en qué condiciones está, pero los hornos, los congeladores, los arcones, etc. Todo está perdido. El agua llegó allí a 2,20 metros", asume resignada.
"Creo que es imposible recuperar algo. Nos obliga a una nueva vida. Nos lo estamos replanteando. Costará, pero intentaremos salir adelante, como se pueda", asegura.
"La previsión era inaugurar esta semana"
Pascual camina cabizbajo con su mujer y su hija pequeña. Va desde Alfafar a Valencia, unos tres o cuatro kilómetros; se dirigen a casa de unos familiares a ducharse. Para ellos, esta debía ser una semana inolvidable, porque inauguraba un estudio de tatuaje en Alfafar, pero lo va a ser porque lo han perdido todo. La obra estaba acabada, todas las máquinas y los ordenadores instalados, pero, además, había guardado allí todo su trabajo como director de arte, una profesión que había comenzado a apartar. Ahora no tiene nada.
"Estaba todo el negocio montado, la previsión era inaugurar esta semana y estaba ya todo el equipamiento. Además, después de 25 años en el sector, imagínate todo lo que había reunido. Reforma nueva, material nuevo, y lo antiguo, que casi duele más. Toda la vida, todos los trabajos, fotos familiares, de trabajo, maquinaria, camilla, etc. Todo", resume.
"Ahora estamos replanteándonos todo. Buscar otro estudio o tirar por otros caminos, no sé. Nos queda mucho hasta que volvamos. El agua nos ha tirado las paredes y hay que hacer toda la obra nueva... Mínimo un año sin que pueda estar en funcionamiento", añade. El domingo, con una quincena de amigos, consiguieron vaciar todo lo que nunca llegaron a estrenar y también una vida de recuerdos del local en el que habían depositado buena parte de sus esperanzas.
Pascual no cree que las ayudas vayan a llegar de manera inmediata. "Hay gente afectada por el volcán de La Palma que aún no ha cobrado", desliza. "Me imagino que algo de ayuda llegará, pero si una persiana te cuesta 3.000 euros y hay cinco... Solo con las persianas se te van las ayudas", calcula. Con un negocio arrasado cuando estaba a punto de inaugurarse y una hipoteca para comprar una casa recién firmada, la DANA les ha arrollado. "Hay que hacer un 'reset' total, empezar desde cero. Todo", sentencia.
"Hay que empezar de cero"
Hay otro Pascual que ya se ha puesto en marcha. Desde hace 15 años es el dueño de una pequeña inmobiliaria en La Torre, la pedanía de Valencia más afectada por un ‘tsunami’ de agua y barro que les destrozó la oficina, el mobiliario, los ordenadores y los discos duros en los que hacían las copias de seguridad. No había ‘nube’ que valga en un bajo que, tras cuatro días de duro trabajo, parece ya bastante limpio para la destrucción que se ve fuera y en el que en breve empezará una obra, la que hará él mismo.
"Estaba todo destruido, tuvimos más de un palmo de lodo dentro. Hay que quitarlo y volver a reformarlo todo, la parte baja y el parqué que ya hemos retirado. Empezar de cero", resume. A sus 46 años se ve con fuerza para poner todo de nuevo en pie, pero asegura que sería la última vez: "Si vuelve a pasar, lo dejo".
"Ahora vamos a hacer un grupo de trabajo con las chicas en un despacho, si podemos recuperar algunos de los discos duros, y yo mientras iré reformando la oficina para poder tirar adelante. No cuento con ayudas, cuento con lo que yo puedo hacer, que es lo que está pasando de momento. Luego, si llegan, bienvenidas porque toda ayuda es poca", reconoce.
