
Conforme pasan las horas se van conociendo las historias personales de cómo se vivió el episodio de lluvias en la zona afectada por la DANA. Uno de ellos es el de Jorge Bellver, un oscense que lleva 20 años viviendo en la localidad valenciana de Catarroja. El agua le sorprendió en el coche cuando viajaba junto a sus dos hijos de vuelta a casa. "Estuvimos 45 minutos fuera de casa, y sobre las 19:30 horas vimos que el agua subía por la ventanilla del copiloto y pude salir con los chicos por mi puerta. Después tuvimos que subirnos a otro coche que estaba más alto porque el agua seguía subiendo".
Bellver explica que en su zona, el "agua venía de los campos" y en una de las olas "el coche se desplazó por encima de una rotonda y quedó atrancado en un carril bici" junto a otros coches y furgonetas. Ahí empezó su odisea. Tuvo que salir del coche con sus dos hijos y buscar "otro coche que estuviera más alto". "Cuando salimos del coche eran las 20:10 y nos acababa de llegar las alertas del móvil y llevábamos una media hora parados".
"El agua llegaba por la rodilla cuando salimos, fuimos a otros coches más adelante y nos subimos al que vimos que no tenía tanta agua y allí nos quedamos hasta que pasó todo". Fueron desde las 20:00 hasta las 02:00 de la madrugada "cuando llegamos a casa, y eso que estábamos a cinco minutos" Cuenta que había otros conductores que "saltaron a otros coches y uno a una caravana" porque el agua pasaba ya de la la altura de las ruedas. "Tuvimos suerte porque 20 metros más adelante la marca de agua era de dos metros de alto y donde estábamos no subió tanto", explica.
"Sobre la 01:30 empezó a bajar el agua y ya pudimos ver la acera y empezó a venir gente. Estábamos a 5 minutos de casa y cuando bajó un poco y no había tanta corriente, conseguimos llegar a casa". Unas horas en las que "vives mal, no puedes hacer nada más que sentarte y esperar". Cuenta que lo que hice fue "tranquilizar a los críos y confiar en que el agua no subiera más". "No te queda nada más, no había forma de salir y lo único que quedaba era esperar".
La cobertura iba "muy mal" hasta tal punto que "íbamos reservando la batería del móvil, de hecho el móvil de mi hijo lo dejamos apagado por si se terminaba la batería del otro". Cuenta que iban encendiendo y apagando las linternas del móvil para "avisar a otras personas de que estábamos bien".
Las tareas de reconstrucción en Catarroja, como en el resto de localidades, van a tardar. "Aquí se han destruido todos los locales, no hay comercios y lo que faltan son los suministros". "No puedes comprar nada, todo lo tienen que traer" explica. "La gente ha enviado mucho y los dos primeros días han sido los peores porque estábamos abandonados". "El problema va a ser recuperar la normalidad" dice. Ahora "vemos cubas, grúas, las alcantarillas están taponadas y el agua y el fango llegan por los tobillos con el riesgo de salubridad que eso supone".
