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Expertos en microbiología advierten del resurgimiento de patógenos: "Se está perdiendo la confianza en las vacunas"

No se puede bajar la guardia porque hay zonas del mundo donde todavía existe la polio o el sarampión, enfermedades que parecen antiguas pero no están del todo erradicadas

1.825 personas murieron de gripe en España el año pasado. / Aragón TV
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¿Es viable una vacuna universal para la gripe? ¿Puede resurgir la polio? ¿Cómo está afectando el movimiento antivacunas en Estados Unidos? Los expertos en vacunas, Ana Fernández y Adolfo García-Sastre, han viajado desde el prestigioso hospital Monte Sinaí de Nueva York para contestar a estas y a otras preguntas en el programa Buenos Días de Aragón TV.

Les ha traído hasta Zaragoza la 11º Jornada de Actualización en Gripe, donde este jueves van a poner sobre la mesa cómo afrontar las temporadas de esta infección. En España, se cobró la vida de más de 1.800 personas en 2025 y unas 33.000 tuvieron que ser hospitalizadas. 

Ante este repunte, la investigación de una posible vacuna universal es una prioridad, pero también un proceso lento. "Son ensayos clínicos muy laboriosos y que necesitan mucho dinero, porque hay que probar que es segura, funciona bien y durante varios años, para prevenir cualquier tipo de gripe, no solo la del año, sino venideras", explica García-Sastre.

Dificultades que se ven ampliadas por el movimiento antivacunas en Estados Unidos. "Se está perdiendo la confianza en las vacunas y la administración considera que no son tan necesarias en la niñez", apunta Fernández. "Nos hemos acostumbrado a no tener esos brotes de polio u otras enfermedades que habían desaparecido gracias a la vacunación", pero, ha añadido, ahora "puede que resurjan si se deja de vacunar a los niños", ya que son enfermedades muy contagiosas. 

Por ello, insisten en tener conciencia de que puede producirse una pandemia en cualquier momento "porque la población está expuesta, pero luego cambia el virus o la inmunidad, así que siempre van a surgir".

A ello se suma el contacto con animales, las consecuencias del cambio climático -que hace más resistentes a agentes como los mosquitos- y la entrada a nuevos hábitats, a través de los viajes, que provocan "que los saltos de una especie a otra sean más comunes". La científica advierte de que ahora ven resurgir "un montón de patógenos y virus que antes no veíamos."

Para prepararse, además de las campañas de vacunación, es crucial que haya una buena cooperación internacional, algo que no se dio con la COVID-19, según García-Sastre: "No hemos avanzado nada en nuestra forma de combatir pandemias. Hay mucho recelo de qué hace un país u otro".

Insisten en no bajar la guardia porque hay zonas del mundo donde todavía existe la polio o el sarampión, enfermedades que parecen antiguas pero que no están del todo erradicadas. García-Sastre lamenta que "está siendo cada vez más difícil llegar a esos núcleos para vacunar" y si una persona se traslada con la enfermedad activa a otro lugar con gente sin vacunar, empieza a propagarse el virus de nuevo. "Es una pena, porque son enfermedades muy mortales, de las peores que ha habido en mortalidad infantil, y pueden erradicarse con la vacunación", dice. 

La situación en Estados Unidos afecta a su trabajo de investigación, como apunta Ana: "Hemos sufrido bastantes reveses en cuanto a qué se considera prioritario para financiar la ciencia. Se están restringiendo muchas cosas que podemos trabajar". Esto ha provocado no solo que esté costando atraer talento a EE. UU. más que nunca, sino que además se han duplicado las solicitudes de científicos estadounidenses que quieren trasladarse a España para investigar.

Como explica García-Sastre, la llegada de Donald Trump a la presidencia se ha notado mucho "sobre todo en investigación y ciencia". El secretario de Salud, Robert Kennedy, basa sus políticas "no en datos científicos sino en intuiciones personales". "Piensa que si cuidas tu cuerpo y te alimentas bien tu sistema inmune es lo suficientemente fuerte para sobrevivir a cualquier patógeno", lamenta García Sastre. Pensar esto es peligroso, a su juicio, porque, aunque ayuda, "no reduce el riesgo completamente de tener una enfermedad severa con agente infeccioso, mientras que las vacunas sí".

Pero no son pesimistas al respecto, ya que en su trabajo tienen acceso a la toma de decisiones, lo que les permite luchar para que la ciencia siga siendo importante y que no se pierda la financiación. De esta forma, su labor puede continuar, a pesar de las trabas, en busca de recuperar la confianza social en la salud pública. 

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