Especias y productos frescos son las opciones para combatir 'la sal oculta' de los alimentos
10.000 personas mueren al día en Europa por enfermedades relacionadas con la sal, según la OMS

Cuidado con la sal que no se ve pero mata. Suena fuerte, pero es lo que advierte la Organización Mundial de la Salud en la semana internacional de concienciación sobre este producto. Este organismo señala que 10.000 personas mueren al día en Europa a causa de enfermedades relacionadas con la sal, como enfermedades cardiovasculares o de hipertensión. La sal y el sodio están presentes sin enterarnos en multitud de alimentos que consumimos, por eso apelan a campañas de información y obligaciones para la industria alimentaria, con el objetivo de reducir el contenido de sal dentro de la lista de ingredientes.
Según el informe de la OMS, un tercio de los mayores de 30 años sufre hipertensión, y casi todos los países estudiados presentan niveles de consumo de sal por persona por encima de lo recomendado. 51 de los 53 analizados superan la cantidad de una cucharada de té al día, y la organización advierte de que el consumo de comida procesada tiene gran culpa de estos datos. Los hombres corren mayor riesgo que las mujeres y para evitarlo la OMS recomienda una reducción del consumo de sal en un 25%. Algo que podría salvar cerca de un millón de vidas de aquí a 2030.
"El consumo alto de sal provoca hipertensión arterial y aumenta un 40% la posibilidad de padecer un cáncer de estómago", asegura el doctor Pedro Javier Serrano, cardiólogo del Hospital Clínico y de la Clínica Viamed Montecanal. Pone el acento en la hipertensión que es "la puerta a otras patologías como el ictus, la fibrilación ventricular o las cardiopatías".
La dosis recomendada por la OMS es de 5 gramos al día o lo que es lo mismo menos de 2 gramos de sodio. El consumo en Europa está entre dos y cuatro veces más, mientras que en España está en los nueve gramos al día. Como referencia de esa sal oculta en los alimentos basta con saber que un langostino congelado de media ya tiene un gramo de sal, así que con media docena estaríamos superando ya esa recomendación diaria.
Mirar las etiquetas de los alimentos
El etiquetado de los alimentos refleja en sal o en sodio la cantidad que contienen sus ingredientes. "Es un poco engañoso, porque la ley deja que la industria ponga la cantidad de sal en gramos o en sodio, y no siempre nos fijamos en eso. Es una forma de maquillar el dato", asegura la bromatóloga Patricia Sola. "Hay que estar muy atentos, porque la mayoría de alimentos tienen sal: los pescados, la leche, los preparados, las patatas fritas de bolsa, los 'snacks', las salsas, cremas, purés, caldos...", explica. Es decir, todo lo que potencia el sabor de los alimentos, porque "no es la sal propiamente dicha sino los aditivos que la incluyen". De esta forma, cuanto más procesado es el producto mayor cantidad de sal.
Para reducirlos, además de encontrar "alimentos bajos en sal", dice la experta, es importante apostar por productos frescos o por la especias. Esos aderezos eliminan la sal y potencian el sabor de los alimentos con los que se cocina. También es fundamental cocinar en casa porque así se sabe la cantidad exacta de sal que se ingesta durante las comidas.
Una misma opinión comparte el doctor Serrano que asegura que "debemos tener cuidado con la sal oculta", esa que está presente en la mayoría de los alimentos. Por ejemplo, "las salsas o los platos precocinados o envasados" que contienen bastante sal. "Un vaso de gazpacho contiene 1,5 gramos o el bicarbonato sódico de un refresco o la sacarina de los cafés, no somos conscientes muchas veces de la cantidad de sal que llevan", advierte. La carne picada envasada, las salchichas o embutidos también llevan una buena proporción de este ingrediente. "Cuidado también con las salsas: la soja lleva un 8% y parecido el 'ketchup' o la mostaza", puntualiza.
El doctor señala también que no es que no tengamos que tomar sal, "es imprescindible que nuestro cuerpo tenga sodio porque, por ejemplo, los diuréticos con insuficiencia cardíaca necesitan eliminar agua y sin ese sodio no podrían orinar". Con esto quiere decir que no es "cuestión de volverse loco con la sal", se trata de aplicar "el sentido común" y apuesta por menús que incluyan "alimentos frescos de verdad, naturales".
Asegura también que en consulta nota que la ciudadanía está más concienciada sobre el consumo de sal, "algo que se nota también en los supermercados" porque hace cuatro o cinco años no había ninguna conserva de verduras con "sal añadida" y ahora ya es posible encontrar muchos alimentos "bajos en sal", aunque es preciso "mirar muy bien las etiquetas".
Desde la OMS recomiendan a los gobernantes una serie de intervenciones que pasan por la reformulación de los productos alimenticios para que contengan menos sal o sodio, campañas de comunicación para cambiar el comportamiento y hábitos de consumo, y una apuesta por un etiquetado nutricional que advierta sobre los productos envasados.
