
Un equipo de un centenar de profesionales del Hospital Universitario Vall d'Hebron ha llevado a cabo el primer trasplante parcial de cara del mundo con una donante que recibió la eutanasia y que decidió hacer esta acción solidaria antes de morir. La directora asistencial del Hospital Vall d'Hebron de Barcelona, Maria José Abadías, ha detallado que se trata del sexto trasplante facial realizado en España -tres de los cuales se han realizado en el Vall d'Hebron- y el número 54 en todo el mundo.
Así lo ha anunciado este lunes el hospital barcelonés en una rueda de prensa en la que estaba la receptora, Carme, quien sufrió una infección que provocó la muerte de células y tejidos de la cara. Este procedimiento ha requerido la participación de más de 100 personas y muchos meses de reuniones.
Donante y receptor del trasplante de cara deben compartir sexo y grupo sanguíneo, y presentar unas medidas antropométricas de la cabeza semejantes. La cara concentra la imagen que el individuo proyecta hacia los demás y está muy ligada a la identidad personal, por lo que complica todavía más este tipo de intervención.
"El hecho de tener una donante que recibió la eutanasia nos permitió la planificación en 3D tanto de la paciente como de la donante, cosa que facilitó el trabajo", ha explicado el jefe del Servicio de Cirugía Plástica y Quemados del hospital barcelonés, Joan-Pere Barret.
La receptora
Carme se encontraba de vacaciones en Canarias en julio de 2024 cuando la picadura de un insecto le provocó una infección, tras la que desarrolló una sepsis que hizo que tuviera que "luchar por su vida" durante dos meses y que, a su vez, terminó en necrosis en varios tejidos del cuerpo, entre los cuales la cara, la boca, la lengua y varios músculos faciales.
En diciembre de 2024, la paciente acudió al Hospital Vall d'Hebron, donde Barret le planteó varias opciones, entre las cuales estaba el trasplante de cara, por la que Carme optó, y se iniciaron los trámites para poder realizar la operación.
La donante
En este proceso, una paciente del hospital solicitó la eutanasia por problemas genéticos, "para no dejar que fuese la enfermedad que decidiera por ella", y quiso dar, entre otros órganos, la cara, si era oportuno.
Barret ha explicado que él y su equipo conocieron a la donante: "Os podéis imaginar que no pueden haber palabras para expresar la intensidad emocional y magnitud del momento. Lo único que quería saber la paciente era si podía donar la cara. Y la respuesta, obviamente, era positiva".
El médico ha subrayado la generosidad y altruismo de la paciente, y ha alabado también la tarea del equipo de coordinación de Trasplantes, que hacen una tarea diaria "silenciosa y anónima", dando confort a quienes recibirán la eutanasia y a sus familias y dando vida a los que están esperando trasplantes.
Antes y después
Carme ha explicado que, antes del trasplante, pasó por tres ucis; cuando salió, la necrosis se le había "comida media cara", no podía comer, no respiraba bien y no podía hacer vida normal, ni salir a tomar un café.
Cuatro meses y medio después del trasplante, y habiendo pasado un mes entre uci y la planta de la Unidad de Quemados, Carme ya tiene sensibilidad en toda la zona trasplantada y explica que lo nota todo, y que ya puede comer y beber: "Es perfecto".
La receptora, que ahora hace periódicamente ejercicios de rehabilitación, ha expresado su agradecimiento a la donante -a quien, en cumplimiento de la ley, no conoció-, y especialmente al equipo de Vall d'Hebron y a Barret: "El doctor es mi ángel de la guarda".
La operación, que puede durar entre 15 y 24 horas, incluye trasplantes de piel, tejido adiposo, nervios periféricos, musculatura facial y huesos de la cara, entre otros, e incluye apoyo emocional y psicológico en el postrasplante.