
217.000 aragoneses conforman la población extranjera de la comunidad, casi el 16 % del total. La mayoría proceden de Colombia, Venezuela y Marruecos y su integración en el mundo laboral cubre actividades con escasez de mano de obra como la construcción, el transporte, la hostelería o el sector de cuidados. También son esenciales en pequeños municipios donde se encargan del bar, la tienda o labores agrícolas.
Según un informe de Funcas, este colectivo ha sido imprescindible para el crecimiento económico de Aragón. El porcentaje de población extranjera en la comunidad ha pasado del 6,7% al 15,7% actual en apenas 20 años, aunque el perfil del que llega ha cambiado en este tiempo. Ahora, a pesar de que cuentan con una mejor cualificación, siguen cubriendo actividades en las que predomina una escasa mano de obra. "Numéricamente todavía lo que predomina es una inmigración que preferiblemente va a sectores de menor valor añadido pero muy importantes porque el turismo, la construcción, servicios de cuidados a la persona, la propia logística el transporte", señala Raymond Torres, director de Coyuntura y Análisis Internacional de Funcas
total Raymond Torres.
En el estudio se demuestra que no solo el colectivo se instala en grandes ciudades, sino que ayudan a moderar el declive demográfico en la España vaciada. "Tanto por la disponibilidad de vivienda como también de oportunidades de empleo es algo que es llamativo pero también acude inmigración a esa España despoblada o rural", reconoce este experto.
La integración en el mercado laboral supone una mayor interacción social. Desde Funcas defienden que no ha habido un impacto negativo en los salarios ni en la mano de obra del autóctono.
De Villarreal de Huerva a Albalatillo
Conseguir un trabajo y poder acceder a una vivienda a un precio asequible son dos de las razones que atraen a los inmigrantes al mundo rural. En Villareal de Huerva, en Zaragoza, el colectivo supone casi la mitad de los vecinos. En Huesca, es Albalatillo, el pueblo con mayor porcentaje de extranjeros.
"La gente es como si fuera mi familia. Yo no me he sentido extranjera nunca", admite Viorica, que regenta el bar de la localidad zaragozana. Ella llegó a España en el 2004 y desde hace 6 años vive aquí, incluso se ha comprado una casa.
Este es uno de los pueblos aragoneses con mayor porcentaje de población extranjera. Casi la mitad de sus 270 vecinos han venido de fuera. "Villareal es un pueblo muy abierto y muy acogedor. Sobre todo rumanos, es verdad que llevan mucho tiempo aquí. Nuestro libro de nacimientos es curioso porque ahora hay muchas Biancas, Georges" relata su alcaldesa Charo Lázaro.
En Albalatillo, en Huesca, de sus 220 habitantes 61 son inmigrantes. Luminicha fue de las primeras con su llegada hace 17 desde Rumania. "Mi hijo tenía 6 años, estaba casi solo pero para ir a la escuela cualquiera le podía echar un vistazo. Mucha seguridad para el niño", reconoce que encontró en el municipio.
Ese es uno de los motivos que les hace quedarse. El otro que hay trabajo y vivienda. "Cuando alguien viene y ves buena voluntad y ves que quiere formar su vida y quedarse a vivir aquí todos trabajamos de la misma manera para acogerlos", dice su alcalde, Jesús Lasierra.
Un ejemplo son los propietarios de las granjas del pueblo que han comprado 9 viviendas para que sus trabajadores puedan establecerse allí.
