Miles de grullas llegan a Gallocanta para pasar el invierno y con la sombra de la gripe aviar presente
Unas 7.000 de estas aves ya están en la laguna aragonesa para descansar en su largo viaje hacia latitudes más cálidas

Miles de grullas ya se han dejado ver, procedentes del norte de Europa, por la laguna de Gallocanta. Realizan miles de kilómetros en su migración anual para pasar los meses de invierno en latitudes más cálidas. Un espectáculo natural que cada año atrae a naturalistas y numerosos visitantes.
La mayor parte de las grullas que llegan este humedal turolense lo hacen de forma temporal. Descansan y comen, antes de continuar vuelo hacia el sur. Una parte de las grullas sí que deciden hibernar en Aragón. El censo permanente durante los meses de diciembre y enero de hace casi un año fue de 10.000 ejemplares. Para poder verlas lo mejor es hacer alguna de las visitas guiadas que realizan las educadoras ambientales de esta reserva natural, hasta principios de diciembre.
"En la laguna ahora mismo tiene una lamina de agua de 82 centímetros, que está bastante bien para el comienzo de temporada. Al ser una laguna endorreica, que se alimenta de agua de lluvia, ha hecho que con el calor se haya evaporado buena parte de ella", ha señalado Diana Osuna, educadora ambiental.
Las grullas utilizan las corrientes térmicas que provoca la radiación solar para alzar su vuelo hacia el sur oeste, rumbo a los humedales de Extremadura, Andalucía o Castilla La Mancha. Estratégicamente para ellas, Gallocanta es fundamental. Los que se acercan estos días muestran su sorpresa por el espectáculo que estas aves protagonizan.
Aparición de 200 ejemplares muertos
La aparición de 200 ejemplares muertos en el entorno de Gallocanta mantiene en alerta a los servicios veterinarios del Gobierno de Aragón. Están a la espera de que los análisis confirmen o no de que se trata de un un foco de gripe aviar. El Gobierno de Aragón ya tenía conocimiento de un posible contagio al detectarse casos en Alemania y Francia. Desde Agricultura recomiendan cerrar las granjas avícolas en extensivo y notificar cualquier hallazgo sin tocar los ejemplares fallecidos, a pesar de que el contagio en los humanos es bajo.
