"La mujer gitana sufre una doble discriminación, por ser gitana y por ser mujer, y eso perpetúa una sola realidad"
Rosa Muñoz es una de las más de 200 mujeres gitanas que han superado barreras y obstáculos en el ámbito educativo y el empleo a través del programa Calí. Se puso en marcha hace tres años para establecer una línea de trabajo por la igualdad

La Fundación Secretariado Gitano en Aragón ha desarrollado el proyecto de ámbito estatal Calí que se lleva a cabo en 14 comunidades autónomas. Busca mejorar la inclusión sociolaboral de las mujeres gitanas en situación de vulnerabilidad social y trabaja en el fomento de la igualdad de oportunidades, de la igualdad de género, la lucha contra la discriminación y el apoyo a las víctimas de violencia de género. Más de 200 mujeres en Aragón han participado en las distintas actividades que se han organizado en el marco de este proyecto en los últimos tres años. Rosa Muñoz es una de ellas. Ha explicado en el programa 'Buenos Días' de Aragón TV que las mujeres gitanas afrontan una doble dificultad a la hora de incorporarse al ámbito educativo y después al laboral, "por ser mujer y por ser gitana", lo que conlleva que se les perpetúe "una única realidad".
En el conjunto de España, más de 4.600 mujeres gitanas han participado en el Programa Calí; más de la mitad, el 52%, ha iniciado una búsqueda activa de empleo, más de 700 han conseguido un empleo, cerca de 300 han retomado los estudios oficiales y se ha acompañado a casi 400 mujeres gitanas víctimas de violencia machista.
La directora territorial en Aragón de la Fundación del Secretariado Gitano, Tamara Clavería, ha destacado el espíritu de este proyecto que se traduce en el apoyo y la formación de las mujeres gitanas, para lo que se plantean "itinerarios personalizados, adaptados a la situación de partida y necesidades de cada una de las mujeres gitanas", a lo que se suma una línea de sensibilización porque, como ha incidido, se trata de "un trabajo colaborativo, comunitario y en red", en el que son necesarios todos los actores sociales.
Uno de los grandes retos de futuro para permitir el desarrollo laboral de las mujeres gitanas pasa por el ámbito educativo. Los datos evidencian una gran brecha en este ámbito. El fracaso escolar entre jóvenes gitanos de entre 16 y 24 años roza el 63% (aquellos que no han terminado la ESO), frente al 4% de la población general. Solo el 14% de los que sí se gradúan continúan estudiando, frente al 71% general. Y solo un 1,6% llega a la Universidad, en comparación con el 31% del resto de la población en esta misma franja de edad.
Rosa Muñoz ha participado en este programa. De su paso por él, ha destacado que "se trabaja con la persona, dependiendo de sus necesidades" y que se tiene en cuenta la autoestima y la formación, encaminándolas al entorno laboral. lo que "permite a la mujer gitana aspirar a una meta mayor".
Para Clavería, abordar el tema educativo es una necesidad porque es un eje vertebrador del desarrollo: "Hay barreras a nivel interno, en el entorno de la comunidad, y también a nivel externo. El fenómeno de oficios tradicionales aportaba medios económicos, pero están en decadencia. Estamos en un proceso de reflexión hacia otros oficios y ahí están las barreras externas. Carecen de iniciativas que incluyan el currículo gitano, lo que también interfiere en las expectativas que la familia o el centro puedan tener".
Rosa ha incidido en que el hecho de que exista el fracaso escolar "no significa que se dé por hecho". Cree que es una prioridad poner "las metas más altas" para no limitar el desarrollo personal.
Dentro del Programa Calí se acompaña a las familias y a los centros educativos con la finalidad de acercarse al modelo educativo porque han comprobado que depara muchos logros a las mujeres gitanas. Con esta iniciativa, ha asegurado Clavería, "se reducen las barreras y la desventaja que existe en el ámbito laboral y en las oportunidades". Es aquí donde el hecho de ser mujer supone para Rosa una doble discriminación que perpetúa a una sola realidad de la que si se sale, les hace parecer "menos gitanas o medio gitanas".
Así lo ha vivido ella. Estudió un grado medio de Diseño en el que era la única gitana de su clase, lo que "influye en la falta de referentes educativos", añade. La mujer gitana se enfrenta al dilema de, por una parte, no responder a la demanda de la cultura gitana y, por otra, tampoco responder a la sociedad en general. Por eso, ha incidido Tamara Clavería, es necesario el apoyo familiar.
