
De Olorón, en Francia, a Biescas para aprender sobre seguridad vial. Esto es lo que han hecho 36 motoristas, en su mayoría gendarmes franceses y también miembros de la Guardia Civil, con un claro objetivo: prevenir los accidentes de tráfico. Las carreteras de montaña son el parque de atracciones de los motoristas. Trazados rodeados de paisaje y dibujados para la diversión, pero tener en cuenta la situación de la calzada y la previsión del tiempo es fundamental antes de ponerse el casco.
Aunque no son las únicas claves para estar seguro sobre las dos ruedas: "Guardar la distancia reduciendo la velocidad cuando se acerca una curva, siempre viendo el ángulo exterior para poder ver cuando se entra en la curva y al salir, no tener que invadir el sentido contrario", aconseja Ricardo Amoedo, teniente de la Guardia civil de Tráfico. Se trata de "reducir la siniestralidad en esos usuarios vulnerables como son los motoristas con el objetivo además de la educación vial", explica Margarita Padial, jefa provincial de Tráfico.
En Biescas, los moteros han hecho un alto en el camino para conocer la equipación con la que cuentan ambos cuerpos de seguridad. Un ejemplo, un deportivo de 250 caballos que se utiliza en autovías para dar caza a los conductores que no cumplen con la velocidad establecida. "Nuestros pilotos se forman en un circuito donde ellos aprenden a conducir a grandes velocidades", indica Hardouin Federico, jefe de Tráfico de Pau.
De hecho, circular a más velocidad de la permitida es una de las principales causas de siniestralidad. En la provincia de Huesca, tres de los nueve fallecidos a lo largo de este año eran motoristas.
