El trabajo "tabú" del sector funerario: "Es un oficio para el que muy pocos valemos y nadie se acostumbra"
Las actividades relacionadas con la muerte emplean en España a casi 13.000 personas. Solo el año pasado se produjeron en Aragón 13.788 defunciones

Acompañar a los familiares en el proceso, facilitar los trámites, dignificar y despedir con cariño a los muertos. En España, casi 13.000 personas realizan diariamente alguna de estas labores, según los datos de empleo de la última Radiografía del Sector Funerario publicada por la Asociación Nacional de Servicios Funerarios (Panasef). Solo en Aragón, el año pasado se produjeron 13.788 defunciones.
"Hay mucho desconocimiento sobre el sector", comenta José Luis Mulero, embalsamador forense, formador y CEO del Tanatorio Crematorio Calatayud, ubicado en Zaragoza. A pesar de su dilatada trayectoria profesional, Mulero asegura que, en su desempeño laboral, "nadie se encuentra cómodo". "Es un oficio para el que muy pocos valemos y si alguien dice que está acostumbrado, yo no lo comparto. Para muchas personas el día de irse se ha anticipado y, a veces, los sentimientos están a flor de piel", asegura.
Como tanatopractor, su labor comienza tras la firma del certificado de defunción. "A partir de aquí, contamos con un servicio de recogida con todos los medios necesarios para trasladar el cuerpo a las instalaciones", explica. Tras la cauterización y desinfección de los cadáveres, se les retira la ropa y se realiza el lavado de los cuerpos "con muchísimo respeto, cariño y cuidado", asevera.
Después, comienza el proceso de embellecimiento. "Sobre todo en las partes más vistas, como son la cara y las manos", precisa Mulero. Para prevenir cualquier pérdida de líquido, los profesionales realizan el taponamiento de las vías nasales y de la tráquea. "La sutura de la boca se realiza con una aguja curva para evitar que se abra y dar así un aspecto más natural", apunta el profesional.
Por último, se encargan de vestir y maquillar a los fallecidos. "Esto siempre lo hacemos dentro del ataúd para evitar manchas", comenta. "Intentamos mantener la fisionomía. A veces, cuando la persona ha estado sometida a un largo proceso de deterioro, como aquellos que han sufrido una enfermedad, tienen un aspecto incluso mejor del que presentaban en vida. 'Míralo, parece que está dormido', nos dicen a veces, y es el mayor halago que podemos recibir por nuestro trabajo", señala el profesional, quien, además, cuenta que fue el encargado de embalsamar a la mujer más longeva del mundo: "Fue un privilegio".
Arrepentimiento cero
"La mayoría se acerca al sector por vocación, porque realmente se quieren dedicar a esto", explica Mulero, que también trabaja como formador en el Instituto Español Funerario, que ofrece cursos en la capital aragonesa. "Vienen muchas personas que han sufrido una pérdida reciente y desean saber qué hay detrás", explica.
"El contenido de la formación es bastante potente y algunos pensaban que era más 'light'. No solo es preparar a una persona que ha acabado su ciclo de vida, también hacemos suicidios, accidentes, homicidios, etc. Esa es la peor parte", subraya.
Sobre el perfil de los alumnos de tanatopraxia y tanatoestética, el experto detalla que se trata, mayoritariamente, de personas de entre 18 y 35 años, y que el 95% son mujeres. "Normalmente hacemos una serie de preguntas. Hoy en día, además de que hay más interés, quienes se apuntan han visto vídeos y vienen más preparados psicológicamente", detalla.
Por eso, señala que las bajas por arrepentimiento son cero: "La gente, después, sigue cursando otro tipo de especialidades: protocolos de ceremonia, operarios de cementerio, de crematorio, etc.".
Más ceremonias laicas e incineraciones
Los datos del sector muestran que, en 2023, la celebración de ceremonias laicas registró un ligero aumento frente a las religiosas, pasando del 15% al 16%.
Además, tras el funeral, cada vez son más los que optan por la incineración, que ha crecido del 45% al 48% en el último año, mientras descienden el número de inhumaciones. En 2022, fecha en la que se realizó el último informe de instalaciones de cremación en España, Aragón contaba con 16 hornos.
