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Aragón

El Teatro Principal de Zaragoza cumple 225 años: del incendio del escenario a la historia de sus telones

Convertido en epicentro cultural de la ciudad, este espacio alberga, además, un gran número de obras de arte

Media docena de arquitectos han redefinido uno de los edificios más majestuosos de la ciudad. / Aragón TV
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El Teatro Principal de Zaragoza cumple 225 años. Desde el 25 de agosto de 1799, convertido en epicentro cultural de la ciudad, han pasado por él actores, actrices, músicos, bailarines, etc. Referentes aragoneses y nacionales. Llegó a ser el primer cine de la capital aragonesa y, actualmente, miles de personas disfrutan cada temporada de su programación. Por este motivo, el informativo Aragón Noticias 1 de Aragón TV se ha emitido este domingo desde el Teatro Principal, adentrándose en la historia del edificio y todos los secretos que guarda.

En el siglo XVI ya se levantaba en su ubicación un corral de comedias. Goya plasmó el fin del primer escenario, al que una vela incendió por completo. "Fue un auténtico desastre que dejó traumatizada a la ciudad de tal manera que se prohibieron durante más de 13 años las representaciones teatrales", comenta Amparo Martínez, profesora de la Universidad de Zaragoza.

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Las cámaras de Aragón TV se han subido a las tablas del teatro Principal para emitir desde allí el informativo Aragón Noticias 1 / Aragón TV

Tras el siniestro, el primer proyecto era demasiado caro, así que un tramoyista se hizo cargo de los planos iniciales. Sería un teatro provisional, pero acabó siendo el que hoy se conoce. "La sala de espectadores y el escenario están en el mismo lugar en el que estuvieron los temporales y el espacio que ahora se ve en realidad fue construido a finales del siglo XIX, en torno a 1895, y diseñado por Ricardo Magdalena porque había quedado obsoleto, se había estropeado", indica Martínez.

Desde entonces, media docena de arquitectos han redefinido uno de los edificios más majestuosos de la ciudad. "Impacta porque la fachada es un estilo muy distinto a lo que es el interior, que son remates y decoraciones más clásicas que Pérez Latorre mantuvo. Broto o Jorge Gay han metido aquí también su pincel. Impacta, es un edificio importante en la ciudad", explica José Antonio Aranaz, director del departamento de Arquitectura del Ayuntamiento de Zaragoza.

Arte

Pero el Principal es mucho más que teatro. En él se encuentra arte más allá del que se puede ver sobre las tablas. Destacan tres elementos: la cúpula, los telones y las estatuas que representan a las musas que, según la antigua mitología griega, protegían las disciplinas artísticas.

Desde la azotea del principal es posible estar cerca de ellas. Llevan más de medio siglo observando desde las alturas el devenir del Coso de Zaragoza. Son las cuatro que inspiran todas aquellas artes que se pueden poner en escena: el teatro, la música, la danza y la poesía, y son obra del escultor Francisco Rallo. 

Sobre los palcos y el patio de butacas pueden verse las vigas originales de madera de castaño del Principal, que conviven con una cúpula de cobre construida en la reforma de 1987 por motivos de seguridad y que también contribuye a la acústica del teatro.

Uno de los encantos de los teatros históricos es que mantienen la liturgia del telón, el elemento que marca el inicio y el final del espectáculo. El Principal tiene cuatro. Uno de acero inoxidable para protegerlo ante un posible incendio; otro creado con motivo del primer centenario de los Sitios de Zaragoza, con el escudo de la ciudad; un telón en americana; y el cuarto es la joya de la corona: el pintado en 1877 por Marcelino Unceta.

Se trata de 100 metros cuadrados llenos de simbolismo e historia. En el centro, la fama recibe con los brazos extendidos a la comedia y a la tragedia. En la escalinata, a la izquierda, 13 dramaturgos y dramaturgas del Siglo de Oro. A la derecha, otros tantos intérpretes del momento. 

Sello aragonés

Un mural de Jorge Gay puede admirarse en la zona de camerinos. Otro de José Manuel Broto, con el Ebro como protagonista, recibe a los espectadores en el vestíbulo, ya que este templo de las artes escénicas esconde también dos joyas de las artes plásticas.

José Manuel Broto firma la abstracción en el lugar más transitado del teatro, el 'hall' de un edificio que le imponía desde niño. "Tan decorado, tan pintoresco, tan bonito y tan clásico que nos parecía un palacio y, para mí, fue siempre un lugar especial, algo que tenía incluso un aura religiosa", asegura el artista.

Su visión fue la de romper con esa imagen. "Que contradijera el aspecto tan clásico y ornamentado del teatro. Entonces, utilicé imágenes fuertes, incluso violentas, a veces, y también quise que pareciera que se vislumbraba el río Ebro, que era importante para la ciudad de Zaragoza", apunta Broto.

La figuración la firma Jorge Gay en un lugar oculto al gran público, la zona de los camerinos. "Es un lugar misterioso, atractivo, lleno de una cierta magia que había que mantener, que había que soportar en la obra que se hiciese porque iba a ser el lugar de reflexión, el de incitación, de provocar la imaginación de lo actores", señala Gay.

Para ello, creó un mundo onírico, que recuerda a una Venecia en la que confluyen los principales hitos de la historia del arte. "Está el renacimiento, el Barroco, todo sumido en un mismo canal que yo fui filtrando, y está Malteña. Hay referencias a Rafael, y sobre todo, a la historia del teatro", añade.

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