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Aragón

El lado bueno de la crecida: suelos más fértiles y control de la mosca negra o el mosquito tigre

La temperatura y el tiempo inundado son claves para que los cultivos anegados sobrevivan a la riada

Campos inundados en Alagón tras la última riada del Ebro.
Campos inundados en Alagón tras la última riada del Ebro.

El agua del Ebro ha inundado cientos de hectáreas de campos de cultivos en Aragón. Agua que tardará varios días en salir de los bancales porque el suelo ya no puede filtrar y los acuíferos están saturados. Esas tierras, que han estado anegadas durante varios días, son propensas a perder gases como el oxígeno o el nitrógeno, que son esenciales para la vida y crecimiento de las plantas. El agua estancada reduce el intercambio de aire entre la atmósfera y el suelo, lo que daña los cultivos y les deja sin el oxígeno necesario para respirar. Los daños que sufrirán los campos serán comprobados en unos días. Sin embargo, estas riadas ordinarias y/o extraordinarias también tienen su parte positiva para lograr unos suelos más fértiles para determinados cultivos.

"Las avenidas de los ríos son un proceso natural de un río vivo, sin regularizar, como es el caso del Ebro, que está regulado pero tiene zonas en las que no", explica el geógrafo David Fernández. Asegura que hay efectos positivos en estas riadas. "Lo bueno que tiene es que los sedimentos abonan los campos". Esto quiere decir que existe una fertilización natural de los campos y que esos cultivos, los que sobrevivan a la inundación, serán más fértiles porque tienen un mayor aporte de nutrientes.

Es por eso que los agricultores escogen esas zonas ribereñas para sus cultivos herbáceos, ya que contienen más arcilla y arena. "Estas avenidas también son positivas para los ecosistemas naturales, que necesitan esa inundación", explica Fernández que añade que a los sotos de ribera "les viene muy bien" porque necesitan esa humedad y siempre es positivo que exista "esa fertilización natural".

Otro beneficio es que se recargan los acuíferos y aumenta el nivel freático del suelo. "El aluvión del Ebro es muy importante para toda las zonas aledañas", recuerda Fernández. Además, las crecidas "limpian las larvas de mosca negra o de mosquitos tigre que están presentes en las algas y las zonas vegetales del río con los huevos esperando a eclosionar cuando lleguen temperaturas más cálidas", explica. Esto quiere decir que se pueden eliminar, en parte, las plagas de estos mosquitos, que no aparecerían en los meses de más calor junto al cauce del río. Las riadas diluyen también los contaminantes que están en los acuíferos. Un espacio invisible, bajo la tierra, que permite el desarrollo del bosque de ribera. Las crecidas permiten también diluir los contaminantes del agua superficial que circula por el río.

Hay cultivos inundados que no sobrevivirán

Desde el Colegio de Ingenieros Técnicos Agrícolas de Aragón recuerdan también otros efectos positivos de las riadas, aunque señalan que "los daños en cultivos e infraestructuras son mayores que los beneficios, e incluso pueden arruinar el cultivo", explica su secretario Javier Aguaviva. Como datos a favor comparte la visión de los geógrafos en la recarga de los embalses y acuíferos que servirán "para regular los riegos de los cultivos y poder regar en momentos de necesidad". "Las escorrentías aportan nutrientes y sales minerales a los cultivos que las plantas irán autorregulando para crecer", recuerda.

Aguaviva reconoce que hay suelos inundables que "están en barbecho por los agricultores y que han sido estudiados previamente para elegir el cultivo más rentable". En episodios de sobreinundaciones "los cultivos pueden llegar a morir porque las raíces sufren una falta de oxígeno". Explica también que hay suelos que, por su tipología -más arcillosos o de yeso, por ejemplo-, "hacen que el agua se filtre más y llegue antes a las raíces". En ese caso las plantas mueren antes por el tipo de sustrato en el que se encuentran.

También existen cultivos que dependiendo del tiempo que dure la inundación, las temperaturas y la fase de crecimiento en la que se encuentran las plantas afectadas, tienen un período menor o mayor de supervivencia. Cuanto más tiempo permanezca el suelo inundado mayores serán los daños en el crecimiento de la planta. Si la inundación solo dura unas horas, los efectos se podrán solucionar y los daños a largo plazo probablemente sean mínimos. El oxígeno de un suelo inundado se agotará en un plazo de 24 a 48 horas. Sin embargo, las plantas tienen una mayor posibilidad de sobrevivir si el punto de crecimiento no está completamente sumergido o si lo está durante menos de esas 48 horas.

Las temperaturas más cálidas reducen el tiempo que cultivos como el maíz son capaces de sobrevivir a las inundaciones. Su respiración depende también de la temperatura. A más calor aumenta la tasa de respiración, lo que acelera el agotamiento del oxígeno y la acumulación de sustancias nocivas. Así, el maíz puede sobrevivir a las inundaciones durante un día si hay más de 21 grados. Su tasa de supervivencia aumenta otro día cuando los termómetros están entre los 16 y 21 grados. Y puede llegar a sobrevivir cuatro días cuando hay menos de 15 ó 16 grados. 

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