El crucial papel de los médicos forenses: "Una autopsia puede durar meses, requiere una labor detectivesca"
Tras 40 años al frente del Instituto de Medicina Legal de Aragón, los doctores José Antonio Arredondo y Salvador Baena se jubilan. Su labor siempre ha arrancado cuando todo ha terminado, cuando no hay testigos y llegan las preguntas

Cuando se producen muertes violentas, como son los accidentes o asesinatos, la medicina forense se encarga de descubrir cómo murió esa persona, cuáles fueron las causas e incluso reconstruir sus últimas horas de vida.(se abre en una nueva ventana) El cuerpo de un fallecido cuenta mucho más de lo que puede parecer en un principio. Los profesionales del Instituto de Medicina Legal de Aragón trabajan junto a los agentes de la Policía y de la Guardia Civil, que asisten también a las autopsias que realizan.
Tras 40 años al frente del Instituto de Medicina Legal de Aragón (IMLA), los doctores José Antonio Arredondo y Salvador Baena se jubilan. En sus cuatro décadas de carrera profesional su trabajo ha comenzado cuando todo ha terminado, cuando no hay testigos y llegan las preguntas. Es entonces cuando los cuerpos hablan.
"En Aragón tenemos la suerte de que trabajamos en equipo. Eso quiere decir que las fuerzas de seguridad del Estado entran con nosotros a la sala de autopsias y ellos, conjuntamente, van tomando nota de todo lo que nosotros decimos, porque, por ejemplo, nosotros podemos decir 'pues estas lesiones que tiene este cuerpo son heridas incisas', lo quiere decir que se ha utilizado un cuchillo. La policía toma nota para intentar localizar luego ese cuchillo", explica José Antonio Arredondo.
Por su parte, Salvador Baena apunta que, en ocasiones, el trabajo se puede alargar: "Las autopsias de cadáver fresco, reciente, tardan horas. En una autopsia de un cadáver con antropología forense a veces tardamos meses, porque hay que hacer una labor detectivesca, minuciosa, de encontrar el pequeño detalle que puede ser la clave en la investigación".
Ambos médicos forenses han trabajado en casos que llenan las páginas más oscuras de la historia de Aragón.
"Recuerdo en una ocasión que tuvimos a unas chicas que las secuestraron y las llevaron por distintos sitios de la zona de Aragón y las violaron varias veces. Al explorar a la chica, encontramos unas pequeñas semillitas de esas que se te pegan en los calcetines, recogimos las semillas y se las enseñamos a la Guardia Civil, e inmediatamente ellos supieron que solo podían estar en un monte en concreto", recalca Arredondo.
Baena recuerda una de las investigaciones más difíciles a las que se ha enfrentado: "Tuvimos dos mujeres descuartizadas en periodos parecidos. Encontramos solo a una y esa persona, para identificarla y saber qué había pasado, no estaba buscada ni estaba denunciada como desaparecida. Eso generó una investigación compleja".
Ambos dejarán el testigo a las nuevas generaciones, que seguirán descifrando las historias que los cuerpos aún tienen que contar.
