El calentamiento global modifica la forma, color y valor nutricional del melocotón
Un aumento de cuatro grados durante la maduración adelanta la cosecha y altera la composición nutricional del fruto, reduciendo su contenido en antioxidantes y vitamina C

Una investigación de la Estación Experimental de Aula Dei en colaboración con el Instituto de Investigación y Tecnología Agroalimentarias de Cataluña ha concluido que hay variedades de melocotón que soportan mejor el aumento de temperaturas asociado al calentamiento global. Pero además, un incremento de cuatro grados de temperatura durante la maduración de los frutos no sólo adelanta la cosecha, sino que también provoca cambios en su composición nutricional.
Los efectos del cambio climático son evidentes en los cultivos. Investigadores de la Estación Experimental de Aula Dei han sometido una parcela de melocotoneros a un aumento de cuatro grados durante su maduración, mediante calefactores, y lo han comparado con otra parcela cultivada a temperatura ambiente. El objetivo era observar cómo les afectaría el calentamiento global previsto para finales de siglo.
Una de las primeras evidencias del experimento ha revelado que el aumento de las temperaturas adelanta las cosechas entre una y diez semanas. También cambia la composición nutricional de esta fruta de hueso. "Varían cosas como, por ejemplo, el contenido de antioxidantes y de vitamina C, que disminuyen. La vitamina C, por ejemplo, es muy lábil ante ese aumento de las temperaturas. Además, hemos visto que hay parámetros que nos indican que existe un estrés oxidativo dentro del fruto que va a afectar a otro tipo de cualidades nutricionales", ha explicado la investigadora Celia Cantín.
El estudio también ha analizado la acidez, textura y color de los melocotones tratados, en los que se han percibido cambios: "Hemos visto que sí se inducen ligeras modificaciones con el aumento de las temperaturas; parece como que los frutos se alargan un poco más, en lugar de ser tan redondos", señalaba Cantín, quien también ha explicado que guardan muestras congeladas para realizar análisis bioquímicos.
"Necesitamos cuantificar el rango de variación de estas variables para luego poder plantarlas, desarraigarlas, subirlas en altura, bajarlas o protegerlas de otra manera", ha concluido Jesús Val, otro investigador del proyecto.
