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Aragón

De no contestar a extenderse demasiado en la última palabra: termina el juicio por los crímenes de Boggiero

Para las acusaciones, que el presunto asesino de El Gancho haya evitado responder a las preguntas de las partes es una prueba más de que mató a los dos indigentes cuyos cadáveres fueron encontrados el año pasado

Última sesión del juicio contra el hombre acusado de matar a dos personas en un edificio abandonado de El Gancho. / Aragón TV
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El juicio contra el hombre acusado de matar a dos personas en un edificio abandonado de El Gancho en la capital aragonesa(se abre en una nueva ventana) ha terminado este jueves en la Audiencia de Zaragoza. El detenido no ha querido declarar, pero se ha vivido una situación insólita: un magistrado le ha tenido que cortar durante su derecho a la última palabra por extenderse en exceso en su relato.

Ministerio Fiscal, acusación particular y defensa mantienen sus peticiones: 40 años de prisión, 45, y la absolución, respectivamente. El lunes, el jurado tendrá que deliberar.

Para las acusaciones, que haya evitado declarar es una prueba más de que él mató a los dos indigentes cuyos cadáveres fueron encontrados en la calle Basilio Boggiero el año pasado. "El silencio quiere decir algo", ha asegurado el fiscal. 

También han recordado que el ADN, varios testigos y las señales de su móvil prueban que estaba en el escenario de los asesinatos cuando se cometieron y que solo él tenía llave.

Estas son pruebas que no demuestran nada para la defensa, que ha insistido que todo el mundo podía entrar y salir del edificio y sostiene que el acusado es inocente.

Manchas de sangre y varias versiones

El sospechoso fue arrestado por la Policía Nacional el mismo día en que apareció el segundo cadáver, el de una mujer. Los agentes han explicado que les llamó la atención la sangre que llevaba en la ropa. "Incluso en la camiseta que llevaba metida dentro del pantalón, y en la tira del calzoncillo. Nos sorprendió muchísimo", ha declarado uno de ellos.

Además, los agentes relataron durante el juicio que el detenido ofreció varias versiones diferentes y espontáneas sobre el origen de la sangre y sobre lo sucedido. "A mí me dijo que cuatro moros le habían pegado en el lugar, y a mi compañero que le habían agredido en la plaza de Santo Domingo y lo habían arrastrado… Incluso se escupió en las manos para limpiarse la sangre al detenerlo", ha explicado uno de los policías, quien ha añadido que el acusado afirmó después que la sangre no era de ninguna mujer sino que procedía "de matar unas gallinas en Montañana".

En su intervención, la Policía Judicial aseguró que ambas muertes se produjeron "de la misma manera", dentro de la misma vivienda, y que el candado del lugar solo podía ser abierto por el acusado. También sostienen que el acusado arrastró los cuerpos hasta el exterior: "Teníamos dos muertos separados por 15 metros, ambos procedían del mismo sitio y presentaban las mismas ataduras. Para nosotros, eso lo hizo la misma persona", ha declarado uno de los agentes.

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