
En lo que va de año, se han quemado casi 200 hectáreas de campos agrícolas en Aragón. Los agricultores son los primeros en estar al pie del terreno y con su actuación en muchas ocasiones evitan que el fuego se propague. "Lo que hacemos es llamarnos por WhatsApp, avisar inmediatamente al 112 de lo que ha sucedido, y los agricultores más cercanos viene con un tractor y un apero para hacer una labor de cortafuegos", explica Jesús Ballarín, responsable Ejecutivo de Uaga.
El ejemplo es un campo de la localidad oscense de Monflorite que sufrió un incendio hace un mes, en el que ardieron cinco hectáreas. Una cifra que podría haber sido mucho mayor si no llega a ser por la intervención de los agricultores. Pero para intentar evitar estas situaciones, la labor de prevención diaria es fundamental.
"Revisar que todo funciona perfectamente. Importante, también, mantener limpio de polvo la maquinaria. El polvo del cereal y paja es altamente inflamable y, además, es también aconsejable instalar matachispas en los tubos de escape", recalca Maribel Ureta, jefa del Servicio de Gestión de los Incendios Forestales y Coordinación del Gobierno de Aragón.
Aunque, a veces, incluso todas las prevenciones resultan ineficaces y se producen incendios agrícolas, como el ocurrido en 2022 en Robres (Huesca),(se abre en una nueva ventana) para los que deben estar preparados. "Las cosechadoras van todas con sus extintores, con bombas de fuegos y con una mochila de 20 litros de agua", matiza Ballarín.
