Aragón ha acogido a más de 4.000 refugiados ucranianos en los 30 meses de invasión rusa
El estallido de la guerra, el 24 de febrero de 2022, provocó el movimiento migratorio de miles de ciudadanos

El 24 de febrero de 2022 supuso un antes y un después para los más de 40 millones de personas que vivían en Ucrania(se abre en una nueva ventana). El estallido de la guerra provocó el movimiento migratorio de miles de sus ciudadanos. Desde entonces, a Aragón han llegado más de 4.000.
A algunos de ellos, como a Vadim, les es imposible no emocionarse al contar su historia. El año pasado, él partió de Kiev dejando atrás a sus dos hijos, en edad de combatir. "Siento miedo", asegura. Anastasia llegó a Zaragoza poco después del estallido de la guerra. "Ahora busco trabajo, de camarera, por ejemplo. Primero trabajar un poco y luego quiero estudiar", explica.
Bajo el amparo del programa de protección internacional, en estos dos años y medio, Aragón ha acogido a miles de refugiados ucranianos. En entidades como Ymca les ofrecen alojamiento, asistencia legal y psicológica y clases de español. "Nosotros hemos atendido a 94 personas, de las cuales están ya fuera del programa 89. Que estén completamente emancipados y haciendo vida por su cuenta aquí en España son aproximadamente el 40%", apunta Antonio Segura, abogado de protección internacional en YMCA Zaragoza.
Es el caso de Elena que, junto a sus hijas, huyó del país con solo una mochila. Su empeño por aprender español y ser independiente le ha permitido reconstruir su vida desde cero. "Dos años y medio llevo aquí en Zaragoza y mi vida ha cambiado mucho. Yo ya estoy acostumbrada a la cultura, la cocina, la gente, la mentalidad, que es distinta, y me siento como en casa", afirma.
Hasta que consiga homologar sus estudios, trabaja en una tintorería y, aunque sueña con regresar a su tierra, asegura que lo importante es centrarse en el día a día. No quiere que su pasado condicione su presente.
Destino: Andorra
200 ucranianos llegaron a la localidad turolense de Andorra hace dos años con un programa para trabajar en la empresa Forestalia que llega a su fin. Ahora, viven unos 80 y buscan un empleo que les permita quedarse en el pueblo donde han reconstruido su vida lejos de la guerra.
"Recuerdo el primer día. Me desperté, salí a la calle y me habló una chica en español y no entendía nada", cuenta María. Ella y Kata llegaron a España desorientadas y llenas de incertidumbres. Ahora comentan contentas que tienen su vida aquí.
"Tenemos amigos. Todas las personas son muy amables, siempre nos ayudan, preguntan qué necesitamos, etc. Nos gusta pasear por San Macario, que es una gran montaña", apunta Kata. Sus hijos también son felices en Andorra. Además, varias vecinas formaron desde el principio una red de apoyo para, entre otras cosas, enseñarles español.
