Analistas de suelos, especialistas en agricultura de precisión, robótica o IA, los nuevos perfiles que llegan al campo
Los expertos señalan que falta formación y acompañamiento a los agricultores y ganaderos para sacar "el mejor partido" a las herramientas tecnológicas

La innovación sigue transformando los sectores productivos, y el campo y el sector agroalimentario no son ajenos a ello. Pilotos de drones para mapear suelos, analistas de suelos agrícolas, especialistas en la gestión de datos, en robótica o en inteligencia artificial están llegando al campo para asesorar y acompañar a los agricultores y ganaderos en su tarea de producir alimentos, proteger el medio natural y mejorar la rentabilidad de sus empresas. "Estamos inmersos en un cambio y una transformación digital que no tiene vuelta atrás y que el sector primario debe conocer e implementar para optimizar sus recursos y generar productividad", señalan los expertos en tecnología aplicada al sector.
"Es imprescindible y necesario apostar por la tecnología", señala Rosa Gallardo, directora de la Cátedra de Inteligencia Artificial de la Universidad de Córdoba. Gallardo estuvo presente en una jornada de la semana del emprendimiento en Ejea de los Caballeros el pasado jueves. "La revolución que vivimos no es incorporar tecnología y recopilar datos y gestionarlos, sino disponer de datos para convertirlos en información que permita tomar decisiones basadas en información adecuada para optimizar", detalló.
Las tecnologías incorporadas al campo se observan en la Agricultura 4.0 con sensores, 'big data' o en la IA, pero el reto, dicen, es "incrementar la tasa de adaptación" a estas herramientas. Son herramientas amplias y diversas que están ya a disposición del sector, entre las que destacan la inteligencia artificial y la robótica. Se ha avanzado en teledetección, en el mapeo de parcelas con satélites o drones, en sensores de todo tipo en los suelos o en plantas. Desde los teléfonos móviles se pueden ejecutar órdenes para ser más eficientes y no aplicar "ni una gota más en el riego o la cantidad exacta de fitosanitario en el lugar adecuado". Pero para todo esto hace falta "formación y capacitación" en los agricultores y ganaderos.
Para sacar el mejor partido a la IA es necesario conocer bien los datos. "La inteligencia artificial es tonta, tontísima, porque se construye de los datos que le suministramos y hay que tener en cuenta la higiene de esos datos", señala el catedrático del Departamento de Informática y Coordinador del Grupo de Investigación sobre Sistemas de Información Avanzados de la Universidad de Zaragoza, Javier Zarazaga. En este sentido, el catedrático del Departamento de Ingeniería Agroalimentaria y Biotecnología de la Universidad Politécnica de Cataluña, Emilio Gil, explica que hace unos meses estuvieron horas en un campo de manzanos de Épila "enseñando a la máquina las manchas y el moteado de la fruta" con el objetivo de conocer si se trataba de una enfermedad o un defecto y generar datos reales y servibles.
Las aplicaciones reales ya están al servicio de las empresas. Otro ejemplo está en la Lonja de Binéfar, donde hacen previsiones de precios utilizando algoritmos para semanas posteriores. Lo hacen siguiendo los datos numéricos de sus series de cotización de los últimos 15 años con un 99% de fiabilidad. También es posible ver ya robots vendimiando uva de mesa o detectando enfermedades o malas hierbas en las parcelas agrarias.
También en la industria alimentaria, donde hay herramientas de IA con imágenes "hiperespectrales que dan la información química de un producto con una fotografía". "Sirve para ver posibles defectos o los grados de maduración para decidir el momento de cosecha, por ejemplo", explica María José Sáiz, responsable del departamento de Nuevas Aplicaciones Analíticas del Centro Nacional de Tecnología y Seguridad Alimentaria.
La inteligencia artificial puede predecir rendimiento de cultivos, cosechas, la demanda de insumos o saber cómo se va a comportar el cultivo. Permite detectar enfermedades o plagas, identificar la presencia de síntomas de enfermedades, una gestión eficaz del uso de fertilizantes y nutrientes de forma inteligente, un riego inteligente o una mejor gestión de la maquinaria agrícola para que funcione de forma autónoma. Los expertos señalan que lo que hace falta ahora es "formación y capacitación y compartir los datos mediante alianzas para disponer de una gran conectividad en todo el territorio, sobre todo en el medio rural".
Todos ellos recuerdan que la IA y las herramientas son asistentes que permiten tomar decisiones y que esas decisiones finales las tienen que tomar los agricultores, ganaderos y los mandos de las empresas agroalimentarias.
