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Aragón

15 montañas pirenaicas han aumentado su altitud en los últimos siete años

La tecnología y la historia geológica han contribuido al cambio en estas cimas que superan los 3.000 metros

15 montañas del Pirineo han cambiado de altitud en los últimos 7 años. / Aragón Tv
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El suelo que pisamos está en constante movimiento desde que la Tierra diera sus primeros pasos. En Aragón, los dos sistemas montañosos de referencia, los Pirineos y el Ibérico, nacieron hace unos 60 millones de años. Fue el arranque de una transformación que ha evolucionado hasta el actual territorio que hoy componen Huesca, Zaragoza y Teruel. El entorno que poblamos continúa cambiando, aunque lo hace de manera imperceptible; las montañas crecen y el valle del Ebro sube su nivel respecto al mar. En concreto, 15 cimas aragonesas han aumentado su altitud en los últimos siete años, tal y como ha ocurrido con la más alta del mundo, el Everest, que ha crecido unos 50 metros en los últimos 89.000 años debido a un río que va elevando la montaña.

Resumir todo este tiempo en un puñado de párrafos roza lo imposible, pero es necesario entender cómo se comporta la corteza terrestre dentro del día a día del planeta para saber que todo lo que está en superficie se mueve al ritmo que marca el principio de Arquímedes. 'Flota' sobre el magma del interior de la Tierra y, por lo tanto, cualquier modificación que se produzca va a traducirse en un movimiento de la corteza hacia arriba. 

A esto hay que sumar el choque tectónico que producen entre sí las distintas placas que hay en el planeta, como los que se produjeron entre la africana y la euroasiática y que sirvieron para que nacieran las principales cordilleras aragonesas. "De forma recurrente y natural, las montañas se elevan en altitud porque la tierra se mueve y las cortezas chocan", defiende Fernando López, director del Instituto Geográfico de Aragón (Igear). 

Estos movimientos son imperceptibles sin tener una perspectiva casi infinita en el tiempo. En el Pirineo, los cambios de registro en las montañas se deben principalmente a las mejoras tecnológicas en la medición de los sistemas montañosos. Fruto de esto, en siete años se ha podido modificar la altitud de picos como el Maldito, cuarto más alto de la cordillera, que ha pasado de los 3.350 metros a los algo más de 3.353. Como esta, otras 14 cimas han corrido la misma suerte: Torre Armengaud, Aguja Cadier, Punta Superior del Tapou, Pico de Algas, Clarabide Occidental, Punta Delmás y Aguja Daviu. Todavía hay seis más, pero estas necesitan ser rebautizadas por el municipio donde se encuentran. "Los satélites y la tecnología del láser dan precisiones centimétricas", reconoce López. 

El valle del Ebro, a estudio

La formación del valle del Ebro es un escaparate ideal para conocer cómo se comporta la Tierra para hacer que las montañas cambien de tamaño. Hace 60 millones de años se formaban las cadenas montañosas de referencia en Aragón, a la vez que la cordillera catalana. "Los tres fenómenos geográficos crearon una gran balsa en el terreno que hoy va desde Riglos hasta Cariñena", señala Daniel Garcia-Castellanos, geólogo de Geo3BCN-CSIC. Durante más de 30 millones de de años "se formó una gran balsa de agua y materiales", que hace unos diez "se rompió" por la zona montañosa que cruza Tarragona, para "formar lo que hoy es la cuenca del río más caudaloso del país". Un terreno que pasó de estar casi a 1.000 metros por encima del nivel del mar a situarse apenas a los 200 que tiene en la actualidad. 

Modelo de computadora sobre la evolución de Ebro y los Pirineos desde hace 65 millones de años. / Daniel García-Castellanos

Como el efecto de una presa, todos esos materiales acumulados fueron deslizándose hacia el mar. Una cantidad incalculable, que forman en la actualidad el Delta del Ebro. Todo ese peso desalojado (proceso que es necesario recordar se produce durante millones de años) provoca que la "corteza terrestre empuje de manera vertical hacia arriba, para devolver al entorno a un equilibro de fuerzas". De los estudios geológicos se sabe que "ese desalojo de sedimentos fue equivalente a unos de 700 metros de altitud", ya que están perfectamente reflejados en los materiales que conforman el monte San Capracio, que creció por el principio de Arquímedes tras el empuje de la corteza hacia arriba. 

Levantamiento vertical del valle del Ebro en el que se aprecia (en color marrón) el empuje de la corteza terrestre hacía arriba tras el desalojo de los materiales sedimentados durante 30 millones de años. / Daniel García-Castellanos

"En la actualidad, esa ganancia de altitud respecto al nivel del mar en el entorno del Ebro es de menos de una décima de milímetro por año", ilustra García-Castellanos. Unas cifras que "demuestran" que nuestro entorno se encuentra en "un estado estacionario", de poco movimento interno. Sí avisa de que lo mismo que ha ocurrido en Aragón va "a pasar en la meseta norte", porque la cuenca del río Duero empieza a tener un comportamiento parejo al que en su día tuvo el Ebro. Una historia en la que sabemos la predicción, pero en la que nunca nunca veremos el final. 

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