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Aragón

120 niños saharauis del programa 'Vacaciones en paz' aterrizan en Zaragoza para pasar el verano

En todo el país son casi 3.000 lo que son acogidos por numerosas familias. Su estancia sirve, entre otras cosas, para mejorar su alimentación, ya que muchos llegan con anemia

Los niños saharahuis posan en el Aeropuerto de Zaragoza. / Aragón TV
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El primer vuelo chárter con 120 niños y niñas saharauis del programa 'Vacaciones en paz' ya está en Zaragoza. Llega desde los campos de refugiados situados al sur de Argelia, en el que se concentran desde hace más de 50 años unas 200.000 personas. En el aeropuerto, escenas de alegría por el reencuentro entre menores y familias, e incertidumbre entre los que por primera vez acogen a uno de estos pequeños.

"Es un día de muchos nervios para entidades organizadoras y familias de acogida, por todo lo que se deriva logísticamente, lo que supone que lleguen unos 130 niños a Zaragoza", afirma Oriol Gavín, técnico de proyectos de Arapaz. También para los menores que, aunque se muestren tranquilos al principio, suelen contagiarse al ver de nuevo a sus padres adoptivos. 

El Consejo de Ministros aprobó el pasado 4 de junio la llegada de 2.930 menores que pasarán dos meses de verano con familias españolas, en el marco del programa de acogida temporal de menores de los campamentos de refugiados, en los que residen exiliados y descendientes de la excolonia española del Sáhara Occidental. Chej Walia, director encargado del programa 'Vacaciones en paz', dijo que los vuelos "saldrán de forma casi diaria hasta que todos los grupos de niños viajen a su ciudad anfitriona", a quienes denominó como "pequeños embajadores".

Desde Aragón, Gavín ve muy positiva la experiencia con niños saharauis. "Ellos mejoran su calidad de vida en estos meses, con una buena alimentación y asistencia a servicios médicos", afirma. Las duras condiciones de su día a día, en el que sobreviven gracias a la ayuda internacional, hace que muchos tengan anemia. "Nosotros y nuestros hijos atravesamos una experiencia de realidad que nada se parece a la que vivimos habitualmente", certifica este voluntario.

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