
La irrupción de la IA en la Universidad presenta desafíos ante el modelo tradicional de enseñanza y evaluación, y el profesorado universitario expresa su preocupación por un fraude académico que se ha sofisticado. Es por eso que la Universidad de Zaragoza va a poner en marcha una prueba piloto con otros tres centros de otras comunidades (Murcia, Cataluña, Galicia), con las que controlar y vigilar los exámenes de la PAU. Se busca evitar la injerencia en la prueba de comunicaciones inalámbricas y de transmisión que permitan copiar a los alumnos. En Aragón, 7.000 jóvenes se examinan a principios de junio.
"El ojo humano para vigilar un examen tiene cada vez más limitaciones", ha señalado la rectora de Unizar, Rosa Bolea, en una entrevista en Buenos Días Aragón. En un aula con cientos de estudiantes es "prácticamente imposible detectar pinganillos", cada vez más pequeños, que los discentes se ponen en la oreja para recibir instrucciones.
El problema de cara a una implantación genérica en la universidad es económica. "Se han comprado algunos detectores de mucha calidad para este examen de acceso a la universidad", ha refrendado Bolea, que, sin embargo, ha puesto en duda su aplicación a futuro debido a la diferencia numérica entre los aspirantes y toda la comunidad universitaria.
¿Otra forma de evaluar?
La llegada de la inteligencia artificial generativa obliga a las universidades a cambiar los criterios para evaluar. Ya ocurre en centros como la Universidad Autónoma de Madrid, donde para detectar plagios se utilizan diferentes herramientas, pero ninguna es completamente fiable. Uno de los remedios que se imponen cada vez más para luchar contra este tipo de prácticas es el de la defensa oral de los trabajos. "La defensa oral, con preguntas específicas sobre la metodología y los conceptos utilizados, es muy útil", defienden desde la Secretaría General de la UNED. Este método debe ser complementario a otro tipo de pruebas selectivas.
