Una casa aislada, antigua, cuidada, preciosa, rodeada y cubierta de flores. Y en ella, mujeres que cuentan historias o callan lo que saben. El escenario, de montaña, puede ser el pirineo de Lérida o la sierra de Albarracín y las autoras, ambas aragonesas, Laura Agustí y Desirée Ruiz, cultivan géneros tan distintos como la novela de intriga, la auto ficción o la ilustración. Hoy, en la torre de babel, nuestro escenario es una casa en el campo llena de flores. La casa de la escritora e ilustradora Laura Agustí en “Furor botánico” son dos en realidad, la de su familia en Valdealgorfa, Teruel y la casa en un pueblo del pirineo, Nevá, donde emprende una nueva etapa tras 20 años de vida en Barcelona. La casa de la escritora Desirée Ruiz “La casa de las amapolas” está muy cerca de Albarracín, y ahí se refugian mujeres rotas que han sufrido pérdidas en una novela llena de misterio e intriga.
Una casa aislada, antigua, cuidada, preciosa, rodeada y cubierta de flores. Y en ella, mujeres que cuentan historias o callan lo que saben. El escenario, de montaña, puede ser el pirineo de Lérida o la sierra de Albarracín y las autoras, ambas aragonesas, Laura Agustí y Desirée Ruiz, cultivan géneros tan distintos como la novela de intriga, la auto ficción o la ilustración. Hoy, en la torre de babel, nuestro escenario es una casa en el campo llena de flores. La casa de la escritora e ilustradora Laura Agustí en “Furor botánico” son dos en realidad, la de su familia en Valdealgorfa, Teruel y la casa en un pueblo del pirineo, Nevá, donde emprende una nueva etapa tras 20 años de vida en Barcelona. La casa de la escritora Desirée Ruiz “La casa de las amapolas” está muy cerca de Albarracín, y ahí se refugian mujeres rotas que han sufrido pérdidas en una novela llena de misterio e intriga.